Diálogo Entre Dos Equinos En La Última Cabalgata De San Pedro
Cuenta un orate que asegura poder entender lo que dicen los animales y traducirlo en palabras, que el día del desfile folclórico nacional a dos pobres caballos escuchó hablar y en medio de la algarabía se les oía decir que ese sol tan bruto los iba a matar.
En el monumento a la Madre Tierra se dio aquel coloquio, después de un par de kilómetros con el sol a sus ancas y lavados en sudor le dijo uno al otro: quisiera tener a quien mandó este desfile desde la glorieta de ese tal Mercaneiva para tumbarlo de la silla, arrástralo por Neiva y después de un buen susto patearle la jeta.
El otro indignado acepta con su testa y el jinete inexperto un golpe le asesta, pues no entiende por qué el caballo sacude con total rareza su inmensa cabeza.
Rolitas bonitas y unas caqueteñas alquilan rocines sin ninguna experiencia; se creen amazonas con mucha destreza y joden y friegan a estas pobres bestias.
Una borracha grita pues se cree jinete y nunca se ha montado ni en un caballete; se cree ella muy fuerte, sus tragos la crecen, pero es diminuta y le falta julepe.
Dicen los que saben de estos animales, de ferias y fiestas y de cabalgatas, que es una injusticia con los pobres pencos, y tratarlos así es cosa de necios. Que tanto desfile no es necesario, con máximo tres sería suficiente; la gente los goza, disfrutan, los sienten y corren menos riesgos todos los jinetes.
El jaco lavado en puro sudor siente en sus ojos un pequeño ardor, con nobleza mira al otro corcel y lo ve sufriendo lo mismo que él. Ningún equino disfruta de estas cabalgatas y sienten perder sus lánguidas patas, después de seis desfiles a cuarenta grados cualquier potro bien brioso hasta queda infartado.
Por eso hay un dicho que rezan los viejos que no hay peor trajín que el de un caballo en San Pedro; los friegan, lastiman y les dan garrote, pero no les pasan nada por ese cogote. Sufren y sufren estas pobres jacas del trato recibido en las cabalgatas. Así lo decía un equino a otro y lo cuenta un loco que oyó el alboroto.
Muy bueno el San Pedro para el que lo goza y malas las fiestas para quien solloza. Dicen las personas que viven las fiestas que éstas dependen de la salud del bolsillo, pues con buena bolsa en la charretera, se embriaga y se disfruta sin ninguna pena.
