Divorcio entre Gobierno y cultura
Froilán Casas
Las expresiones religiosas de un pueblo, son manifestaciones de su cultura. En una democracia, un gobierno que ha sido elegido debe respetar los signos de las creencias del pueblo que lo eligió. El que gobernante sea agnóstico o ateo, no le da derecho a masacrar y pisotear la identidad cultural del pueblo que lo eligió. A su vez, el elector cristiano debe tener cuidado para no elegir a verdugos de su fe. La fe no es para reducirla a las sacristías como lo pretenden los habitantes de una ciudad secularizada que no quiere saber nada de Dios. La Carta constitucional que rige en Colombia, proclama un Estado laico, aconfesional, creo que esto es sano. Sin embargo, no se puede aceptar que tal afirmación dé derecho a los gobiernos de sacar de tajo los símbolos religiosos de la vida pública. Pretender reducir la fe al ámbito meramente privado es mutilar al hombre. Los defensores del nuevo credo, una ciudad sin Dios, buscan por todos los medios borrar del colectivo cultural cualquier expresión religiosa. Lo más grave de todo, es el silencio de los cristianos que por su cobardía y falta de compromiso permiten que una minoría “legisle” sobre el gran conglomerado social del pueblo colombiano. Como obispo, en mi recorrido y visita a los barrios y veredas veo multitudes que salen a saludar a su pastor, con el cariño de hijos; no esperan a un gobernante, a un príncipe, esperan a un padre que les dé una palabra de esperanza en medio de tantos desengaños que experimentan en el trasegar de la existencia. Amigo lector: Cómo le parece que en la “católica” Colombia la madre Laura Montoya no fue aceptada para estar en los sellos de los correos. Esa gran educadora, dedicada a los más marginados, a los indígenas de las montañas de las cordilleras central y oriental, no podía ser proclamada patrona de los educadores, porque con ello se irrespetaba a los no creyentes. ¿Qué adefesio histórico? ¡Cuántos de los llamados “prohombres” que presiden parques y avenidas, edificios, centros culturales y educativos, han sido más villanos que héroes y son presentados a las nuevas generaciones como modelos de honestidad y cultura! ¡Ah! La madre Laura Montoya carecía de las cualidades de tantos “célebres” y por ello, no merecía el estar en los sellos postales y menos, presentársela a los educadores como modelo de entrega desinteresada, llegando hasta el sacrificio y la negación de sí, por la causa de la educación de los menos favorecidos. ¡Ah! Así le paga el diablo a quien bien le sirve. Señores políticos católicos, ¿qué les está pasando que con su silencio están permitiendo tantas ofensas a nuestra identidad cultural? -Para decir lo menos-. Como vamos, será un delito ser cristiano. Todos los demás tienen “derecho” a insultarnos y burlarse de nosotros y nosotros tenemos que callar, porque el Estado es laico y no puede tener ningún símbolo religioso. “Señor Estado”, ¿a quién legisla? Aterricen, Colombia es un pueblo creyente en Jesucristo. El 10% de agnósticos y anticlericales se impone sobre la mayoría creyente. No se trata de imponer una teocracia, ¡ni más faltaba!
+ Froilán, obispo de Neiva
