Disenso y convivencia
Amadeo Gonzalez Triviño
Los colombianos no alcanzaremos la paz y no conoceremos el verdadero trasfondo de lo que es la convivencia ciudadana, hasta tanto, no entendamos que el respeto al otro, es parte de una fórmula mágica en la cual, la capacidad volitiva de tomar decisiones, corresponda a un proceso en el cual se tomen en cuenta las opiniones de unos y de otros, y que en suma, se garantice el derecho al disenso o lo que en términos generales es conocido finalmente como el derecho al pataleo.
Esos fenómenos constitucionales erigidos a partir del Derecho a la Igualdad, nos llevan entonces a considerar que los elementos de la discusión en cualquier ámbito de las relaciones humanas, están supeditados y están controlados por elementos axiológicos que permitan luego de la reflexión o de la exposición de los motivos, escuchar las divergencias, los puntos no concordantes del otro, y en la búsqueda de fórmulas de arreglo, ejercer los plenos derechos y tener entonces la posibilidad de convivir y de procurar formas que hagan posible el acercamiento de unos y de otros.
Colombia ha vivido unas negociaciones de un proceso en la Habana, para buscar la dejación de las armas por parte de un grupo que lleva más de sesenta años en oposición al Gobierno de turno, y se proyecta un plebiscito para buscar la refrendación del mismo, con lo cual, se pretende obtener el reconocimiento de los mismos o el pronunciamiento de los ciudadanos respecto de dicho proceso.
Pero donde están las mayorías de colombianos, cuando a las urnas no concurren sino una franja mínima que decide por todos? Qué papel ha de jugar una democracia que no es participativa y que no proyecta mecanismos de reconocimiento de sus propios derechos? Que podemos esperar cuando las decisiones unilaterales en determinado momento se presentan como decisiones inapelables o a las cuales no se les puede censurar, cuestionar o rechazar?
Todos estos fenómenos hacen parte de nuestro diario vivir. Estamos acostumbrados a imponer nuestra voluntad sin respetar al otro y ese derecho al pataleo, al rebusque, a la contradicción, a la oposición de lo que piensan los demás, es decir, al disenso terminan siendo como elementos que buscan auspiciar la pérdida del afecto entre las familias mismas, entre las comunidades o bien entre la sociedad que nos acoge?
La dialéctica en los procesos de razonamiento exige la depuración de los elementos de acercamiento con el otro, y entre ellos, se centra necesariamente la opción y el reconocimiento de lo que es la aceptación de la variedad de fórmulas en la identificación de los problemas a los que nos exponemos y esa es la forma más pura y sagrada de respetar al otro.
Como me advierten algunos conocidos y amigos, todos tenemos derecho a decir si, como también a decir no, pero en ese proceso entre la aceptación o la negación que adoptemos, todos tenemos derecho a controvertir ideas, a hacer propuestas, a buscar elementos de aproximación y siempre dentro de los límites de la cordura y de las manifestaciones más claras del reconocimiento de la dignidad de nuestro interlocutor, alcanzar puntos de acuerdo para sellar las diferencias y alcanzar la convivencia o la paz que estamos buscando.
Solo cuando entendamos este papel, podemos confiar en alcanzar puntos de equilibrio hacia la felicidad, como fin último del ser, o en su defecto, hacia la paz, como medio para llegar algún día al sueño de aquella felicidad.
