domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-08-23 10:28

Dios ha resultado un estorbo

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | agosto 23 de 2016

A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre ha pretendido sacar a Dios de su entorno. Se dice con cinismo: “Si Dios existe que no se meta en mis asuntos” y, “menos en mis negocios”. En el fondo es la pretensión de arrogarse la autoridad de ser dios. La historia lo constata: cuando el hombre se cree dios, exige culto y comete los más terribles atropellos. Cuántos monstruos ha producido la humanidad que han cometido los peores genocidios y aún así, son tan cínicos que se atribuyen poderes divinos. Lamentablemente, toda la vida, han existido lacayos y bufones que “celebran” las ridiculeces de tales especímenes. El hombre secular, busca defender su autonomía, sacando de su conciencia –si es que la tiene- cualquier vestigio de relación con un ser Absoluto. Claro, sin ningún referente externo se descara cometiendo toda clase de atrocidades. Gracias a Dios, en las verdaderas democracias el Poder Público está limitado y controlado por la experiencia tripartita que establece reglas y juegos claros, evitando cualquier dictadura de una de las ramas del mismo. Los entes de control en una verdadera democracia, debe estar en manos de personas que no hagan parte del partido gobernante, sino, ¿quién lo controla? Lástima, nuestra democracia todavía está a una larga distancia de llegar a una madurez. Se han hecho esfuerzos, no cabe duda, pero la ferocidad por tener poder permite el invento de toda serie de triquiñuelas para lograr obtener el voto de los  ingenuos sufragantes que manipulados permiten ser gobernados por verdugos, -aparece como cierta actitud masoquista en muchos colectivos sociales-. El intento de sacar a Dios de la vida humana aparece en la antigua Grecia, cuando según el mito de Prometeo, éste les roba el fuego a los dioses para entregárselo a los hombres, -ya sabemos el castigo que le impone Zeus al atrevido Prometeo-. En todas las latitudes y tiempos, quienes se han perpetuado en los cargos de poder, contraviniendo las reglas establecidas, son dioses disfrazados que logran mantenerse en el podio de los llamados dioses del Olimpo. Para mencionar algunos de los monstruos que ha padecido la humanidad (un Hitler, un Mussolini) se han atribuido poderes divinos que les han “permitido” cometer los más execrables delitos. El hombre de la era postmoderna no quiere saber nada de Dios: su poder económico y científico le ha llevado a superar a Dios. Desde el positivismo lógico de L. Wittgenstein hasta en los ambientes más simples de nuestra cultura, Dios está resultando un estorbo. Ya no se trata de negar y matar a Dios como lo hicieron los “maestros de la sospecha”, a saber: Nietzsche, Marx y Freud; sino de prescindir de Dios, es el más crudo agnosticismo. Algunos miembros de la clase dirigente –negando la identidad cultural de su pueblo que los  eligieron- y algunos representantes de la academia, se jactan de estar más allá de cualquier principio trascendente. Pero, también, cuidado con buscar a Dios para justificar y defender sus crímenes.  Un delito de lesa humanidad es “utilizar” el nombre de Dios para “bendecir” las fechorías humanas. De todo se ha visto.

+ Froilán, obispo de Neiva