jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-04-27 05:25

Difaman y hablan tanto

Por Ana María Rincón Herrera

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 27 de 2015

“Si el costo de buscar la paz lo pago con mi capital político, con mi popularidad, estoy más que dispuesto a pagarlo”, estas fueron las palabras del Presidente Santos tras los múltiples ataques que viene recibiendo de sus contradictores.

Es más sencillo y notorio, exponer la sangre de otros que pensar en los que sufren cada día que sigue la guerra en Colombia. Con todas estas situaciones me viene a la mente un interrogante y es que nuestro hermoso país no puede seguir aguantando más muertos y familias enteras lamentando la perdida de sus hijos.    

En el ámbito político se ve de todo, pero hasta qué punto una persona puede aguantar que la difamen y vivan hablando cosas que no son. Cada vez que escucho sucesos y hechos que dicen y dicen me acuerdo de la frase que dice “ladran Sancho, señal que cabalgamos”.

En el caso del Presidente nos preguntamos ¿De qué le sirve al país un ambiente de pelea, de irrespeto los unos con los otros, de intolerancia? Sumemos, ayudemos a ser mejores personas, a dar la mano a los más necesitados y cuando alguien la solicite. Todos esos ataques precisamente nos están llevando a que haya más guerra y que vivamos en medio del conflicto de palabras. 

En materia de difamaciones, no hay nada como el tiempo para que la verdad surja, nos hemos vuelto incapaces de prestar atención en forma civilizada a nuestros interlocutores. Para muchos es más fácil gritarle al otro, tirarle la puerta, despreciarlo y miles de cosas más. No podemos seguir en esta situación. Hagamos un cambio por el bien de nosotros mismo y de nuestro país. Esto debe parar de forma inmediata.

No nos detengamos en la búsqueda de la Paz, es el único momento que tenemos para acabar con esta guerra absurda y triste. Cambiemos nuestros comportamientos, seamos civilizados, sabemos qué hace décadas se torció la civilidad, pero podemos enderezarla nuevamente.

Nuestro proceso de diálogos exige paciencia, detenimiento y convencimiento, pero debe llegar la hora cero. Es hora de que a la guerrilla se le vea voluntad de solucionar el conflicto armado por el que llevamos más de 60 años. 

Y mientras tanto que sigan hablando y difamando los contradictores y enemigos de la paz. Es claro que en medio de ese camino, hay muchos obstáculos y hay grandes problemas por resolver. Pero más que nada existe la decisión de una sociedad de solucionarlos porque el fin que aspiramos lo amerita; la paz es y así lo ha dicho la historia a través de los siglos.