Diez sorprendentes cualidades
Por Jaime Salazar Díaz
No hace muchas semanas leí en un periódico o revista, no me acuerdo de qué continente, las “diez primeras cualidades de los países mas adelantados del mundo”. Vienen bien para Colombia. Pero mejor apliquémoslas a nuestra capital, a nuestro mundo cotidiano, inmediato. Tienen la virtud de poder aplicarse no solo a grandes núcleos de población como países o grandes urbes sino también a pequeñas comunidades como empresas, colegios, universidades. Son sorprendentemente sencillas pero qué difícil cumplirlas.
Ahí van en su orden:
1.-La ética, 2.-Orden y limpieza, 3.-Puntualidad, 4.-Responsabilidad, 5.-Deseo de superación, 6.- Respeto por las leyes y reglamentos, 7.-Respeto por el derecho de los demás, 8.-Amor al trabajo, 9.-Esfuerzo, economía y emprendimiento, y 10.-Integridad. Curiosa la sencillez de la lista.
No se pide que las personas sean científicos, matemáticos, grandes líderes, pensadores o poetas. En general sólo se les pide que sean buenos ciudadanos. Comienza y termina este dechado con dos cualidades fundamentales en el ser humano: la ética y la integridad –ésta última, persona que actúa con rectitud- .
El esfuerzo, la economía y el emprendimiento, tan en boga por todas las organizaciones actuales, viene en el puesto 9 entre 10. Verdadera lección de filosofía y de comportamiento social: para progresar y salir a la delantera de los demás países o ciudades basta con ser buenos ciudadanos. Lo demás viene por añadidura.
Niños y jóvenes que crezcan en un ambiente tranquilo, respetuoso y amable podrán llegar sin angustias y traumatismos a cumplir las metas mas nobles y deseadas. El cerebro humano, la condición humana rinden sus mejores frutos en escenarios que den espacio a la meditación a la contemplación de la belleza natural de nuestros ríos, de nuestras llanuras, de los árboles y las montañas.
Y a propósito de nuestro escenario inmediato, la ciudad y los flamantes candidatos a alcaldes ¡qué bueno aplicar esta filosofía a sus terruños!
Si conversaran de verdad con la gente, con los electores serios y desinteresados ¡tamaña sorpresa se llevarían! No están pensando en grandes obras ni en grandes transformaciones. Ni mucho menos se sienten atraídos por pesados discursos cargados de promesas. Solamente desean que se les cumplan cosas sencillas. Sencillas como que el agua “no se vaya” y que sea limpia y potable. Que la luz “no se vaya” y regrese de repente con mayor fuerza que funda sus electrodomésticos. Que los buses urbanos, independientemente de quien sea su propietario, el estado o los particulares, estén limpios y bien armadas sus sillas y ventanas, y que solamente se detengan en paraderos señalados y con intervalos de tiempo regulares. Que sus rutas sean expeditas y no un recorrido por todos los barrios. Que los semáforos sean de buena calidad y bien regulados para cada esquina y hora de operación. Que haya nomenclatura en las esquinas. Que las zonas verdes estén verdes y limpias. Que haya policías en los barrios que den tranquilidad. Y así en general, cosas sencillas pero que ofrezcan una vida amable.
