Dictadura electoral
Amadeo Gonzalez Triviño
El debate electoral que ha finalizado, es una forma de ratificarnos de la mejor manera, que nuestra Democracia es un símil burdo, bajo, ruin y de baja estirpe, entre los procesos de corrupción avalados por los partidos tradicionales y auspiciado por el Gobierno Nacional a instancias del Congreso de la República, es decir: es la cualificación más sabia de todas las formas de corrupción de unos y otros, y por tanto, es la desnaturalización de la democracia misma.
Un sistema electoral al que concurren los ciudadanos con documentos de identificación, que sean o no sean de su propia personalidad, donde no hay mecanismos de verificación de aquella y donde los jurados de votación, tienen la virtud de entregar más de un tarjetón por una misma elección, sumado al hecho de que algunos tarjetones ya estaban marcados, o llevaban un instructivo anexo, donde se registraban los candidatos de preferencia de dichos jurados, hacen parte de este juego electoral, que no tiene control, ni tiene formas de sanearse por estar concebido de ésta manera en Colombia.
No podemos quejarnos de nuestros representantes elegidos. Ellos han hecho un sacrificio muy grande para comprometer sus maquinarias burocráticas, para vender por anticipado las entidades y empresas que tienen que ser objeto de su organización municipal o departamental, al igual que han recaudado sumas de dinero exorbitantes para engrasar todos los ejes de sus carretas a las que hoy en día, les ha correspondido con la pantomima de unas “elecciones puras, limpias y en paz”.
Y los medios de comunicación comprometidos con todas esas candidaturas, no han tenido la osadía y la valentía requeridos para denunciar, como se tenían que denunciar, todo lo que los mismos electores han salido de sus cubículos, a dar a conocer e informar, por cuanto, la trasparencia de estas elecciones, es una falsa imagen que se tenía que vender por instrucciones directas de los propietarios de los medios y de los grandes carteles de la publicidad institucional, que han nutrido a muchos, que viven de éste oficio y son manipulados por fines eminentemente economicistas.
La historia permanente de las elecciones en Colombia, están llenas de toda esta clase de situaciones que se repiten desde los primeros tiempos en los que así se constituyeron las formas electorales, y nunca hemos de aprender, cuando los electores siguen convencidos de que la venta del voto, es una forma de solucionar problemas económicos, al menos por un día, o que un bulto de cemento, o una teja de zinc, han de ser la panacea para aliviar angustias transitorias de la vida.
Esta visión y forma de analizar lo que es el entorno de unas elecciones, parece ser la copia permanente de ser, de ese conjunto de ciudadanos embebidos en su propia ignominia, o de aquellos que siguen detentando el poder, en tanto, que otros, los menos afortunados, sin visión y sin compromiso consigo mismo y con la sociedad, se encargan de ser los responsables de ésta debacle, y la cultura y la educación y las formas de religiosidad y espiritualidad con la que se debe actuar, no dejan de ser más que simples distractores para perpetuar las cadenas de miseria, de abandono, de impunidad y de ilegalidad que por todas partes se respira en nuestro territorio colombiano.
El sistema electoral colombiano, es una rueda loca en el proceso de violencia que se vive y que no tiene mesa de Diálogo en la Habana, porque hay que seguir engañando al pueblo, con falsos ídolos y con falsas imágenes de una dictadura disfrazada de democracia.
