Despropósitos del turismo regional
Fabio Espinosa Soto
En alguna oportunidad invite a familiares y amigos residentes en otra ciudad a las festividades del San Pedro, en Neiva. Durante su permanencia visitamos sitios emblemáticos de la ciudad, uno que otro restaurante, lugares recreativos, concurrimos a centros comerciales, transitamos calles y avenidas. El tour se extendió por una semana, al cabo del cual partieron a sus orígenes. Antes de iniciar el viaje de regreso les formule la pregunta tradicional: ¿Cómo les pareció la ciudad? La respuesta fue concluyente: es una ciudad que le falta “ESTETICA”. Inmediatamente y haciendo uso del móvil, consulté inmediatamente vía Internet el diccionario de la real academiaespañola para conocer en detalle el verdadero significado del término. Es una corriente filosófica que se traduce en el aspecto exterior de una persona o cosa desde el punto de vista de lobello. Ante significativa respuesta, mi contra-pregunta fue más categórica: ¿Por qué? Mis convidados sellaron la conversación con lo siguiente: Es una ciudad desaseada, las calles están colmadas de desechos y basuras, lotes desocupados sin encerramiento, en absoluto abandono, los parques descuidados, el espacio público atestado de ventas callejeras, existe ausencia de señalización vial para el foráneo y sus vías llenas de huecos, contaminación visual y auditiva por doquier, aunado a la poca cultura ciudadana de sus habitantes. La lista podría ser interminable, es una ciudad al-garete.
Como estábamos en plan turístico, nos desplazamos a Yaguará, para deleitarnos de los paisajes y la represa de Betania. Una vía intransitable, sin señalización, infinidad de cráteres que ponía en riesgo la vida y el ajuste del vehículo. La gran reflexión es: ¿Neiva y Yaguara son destinos turísticos? Personalmente considero que estamos como se dice en el argot popular, ¡a años luz!
En los últimos veinte años los mandatarios de turno, tanto municipal como departamental, han incorporado en sus planes de desarrollo el componente turismo como eje central para desarrollar esta industria y contribuir al progreso de la región. Resultados inútiles hasta el momento. Con un diagnostico como el referenciado no se puede pretender que nos miren como rumbo turístico. Tenemos que arreglar la casa para ser atractivos ante el forastero o potencial inversionista. Es responsabilidad del estado el buen equipamiento público, la creación de condiciones motivadoras, como el civismo y la cultura ciudadana para que desde el exterior nos observen como domicilio para las visitas.
Estamos próximos a celebrar las fiestas del San Pedro, conmemoraciones tradicionales y visibles ante propios y extraños. Es innegable que la región y sus ciudades son reconocidas a nivel nacional por la evocación al folclor de este terruño Colombiano. En los últimos años las fiestas han perdido el fervor y frenesí, como consecuencia de equivocaciones por quienes han organizado estos eventos. Desafortunadamente las condiciones actuales son adversas para exteriorizar una buena imagen a través de las fiestas del San Pedro. Se ha perdido la autenticidad y naturalidad, producto de los desaciertos de quienes tienen la responsabilidad de su conducción. La mejor vitrina turística es el San Pedro, pero se ha convertido en un execrable retrato de un turismo de bajo perfil.
