Desgobierno y eleciones
Con ocasión de las próximas elecciones, es menester recurrir al proceso de valoración de la Administración del Presidente que pretende reelegirse, como de quien pretende ser su sucesor para descubrir quién está detrás de su candidatura, como sucede en la actual coyuntura política colombiana.
Hemos de observar cómo el Presidente Santos, siendo sinceros, no ha alcanzado los méritos y no tiene los logros suficientes dentro de su Administración para consolidar ese consenso popular requerido para su reelección y consiguientemente alcanzar por segundo periodo, un nuevo mandato.
Todos los derroteros de su administración han fracasado. Los paros campesinos, el paro judicial, las protestas sociales en varios frentes de concentración popular, los problemas indígenas, han de sumarse al fracaso de una reforma judicial, al fracaso de una reforma en la educación, al fracaso de una reforma en la salud, es decir, es una serie de hechos que se suman poco a poco, para considerar que no puede y no debe ser reelegido y que la reelección es un mal consejero para los colombianos.
Y todo esto, es a su vez, consecuencia de la práctica corrupta con la mermelada que se inventó para obtener el favor de la más desprestigiada de las instituciones de la República, como lo es el Congreso de la República, en pleno, sin lugar a excluir a quienes hacen parte de la Oposición, por carecer de criterios y de fundamentos para convocar a las movilizaciones como debe ser, cuando se enfrentan a ese nido de la degradación social y humana, como lo es la corrupción y el vandalismo institucional de desgobierno al que nos han conducido hace más de cincuenta años.
En cuanto tiene que ver con el otro candidato, que como hemos observado no tiene un rostro propio, no tiene ideas de su propia cosecha y quien para todos no es más que el comodín del expresidente Alvaro Uribe, en su afán por reelegirse por interpuesta persona, hace que tengamos que considerar que no es el candidato que la sociedad colombiana necesita, que no tiene criterios ni carisma y que un mandato bajo su administración, será una forma de continuidad de las políticas corruptas que enlodaron los ocho años de su mentor y eventualmente utilizará toda su maquinaria para comprar la reforma constitucional y pregonar una reelección ad infinitum, con el fin de que su patrocinado vuelva a la silla presidencial, como pretendió hacerlo hasta último momento con un tercer mandato, que ahora sin lugar a dudas, se proyectará como así lo ha soñado.
Y en el fondo, seguimos siendo testigos de una serie de afrentas en los próximos días, por una estrategia de engaños, de burlas, de mentiras, como lo es querer polarizar la conciencia social de los colombianos, entre polos opuestos como la Guerra y la Paz.
Ninguna de ellas será posible hasta tanto no se cambie la mentalidad y la forma de pensar y de administrar nuestra nacionalidad por parte de todos los colombianos.
Es imposible que esos principios fundamentales erigidos en nuestra carta magna, puedan adquirir la verdadera dimensión que representan, como son la CONVIVENCIA PACIFICA, LA TOLERANCIA, EL RESPETO AL OTRO, y sobre todo, la SOLIDARIDAD, y sin lugar a dudas, alcanzar el DERECHO A LA JUSTICIA, como presupuesto de la organización social que hoy ha pretendido mantenerse en nuestro Estado Social de Derecho, que es portaestandarte de todas las desigualdades, la impunidad, el delito y el crimen, como forma de ser y de vivir.
Por ahora, seguiremos sin futuro, sin patria, sin Dios y sin Ley. Y que el destino sea el que sea, permita que podamos escondernos y escapar de las manos del opresor de turno que nos censura y nos persigue, por pensar y actuar en forma diferente, como ha sucedido a lo largo de nuestra historia republicana, en medio de políticas de desgobierno y de ilegitimidad de poder.
