Descripción del libertador Simón Bolívar
Jorge Eliseo Cabrera Caicedo
Por considerar de enorme valor histórico doy a conocer apartes de la descripción que del Libertador hace el general José Antonio Páez en su autobiografía. Ellos se conocieron a principios del año 1.818 en san Juan de Payara. Allí le manifestó Páez su regocijo al verlo en los llanos y que esperaba que con ¨su privilegiada inteligencia…… lanzaría rayos de destrucción contra el enemigo que estábamos tratando de vencer¨, a lo cual respondió el Libertador alabando la lucha y constancia del General Páez. A los tres días estaba impaciente Bolívar sobre cómo pasar sus tropas el rio Apure sin tener embarcaciones para ello, ante lo cual el General Páez se lanzó al agua a caballo con cincuenta hombres y se tomó rápidamente catorce embarcaciones del enemigo. Asombrado Bolívar, dijo que si él no hubiera presenciado aquel hecho, nadie habría podido hacérselo creer.
Dice Páez: ¨Sus dos principales distintivos consistían en la excesiva movilidad del cuerpo y el brillo de sus ojos, que eran negros, vivos, penetrantes e inquietos, con mirar de águila (circunstancias que suplían con ventaja lo que a la estatura faltaba para sobresalir entre sus acompañantes). Tenía el pelo negro y algo crespo, los pies y las manos tan pequeños como los de una mujer, la voz aguda y penetrante. La tez, tostada por el sol de los trópicos conservaba no obstante la limpidez y lustre que no habían podido arrebatarle los rigores de la intemperie y los continuos y violentos cambios de latitudes por las cuales había pasado en sus marchas.
Era amigo de bailar, galante y sumamente adicto a las damas, y diestro en el manejo del caballo: gustábale correr a todo escape por las llanuras del Apure, persiguiendo a los venados que allí abundan. En el campamento mantenía el buen humor con oportunos chistes; pero en las marchas se le veía siempre algo inquieto y procuraba distraer su impaciencia entonando canciones patrióticas. Amigo del combate, acaso lo prodigaba demasiado, y mientras duraba, tenía la mayor serenidad. Para contener a los derrotados, no escaseaba ni el ejemplo, ni la voz, ni la espada¨.
Señala como con Bolívar ¨ se reúnen los dos indispensables elementos para hacer la guerra: la fuerza intelectual que dirige y organiza los planes y la material que los lleva ha cumplido efecto, elementos ambos que se ayudan mutuamente y que nada pueden el uno sin el otro. Bolívar traía consigo la táctica que se aprende en los libros y que ya había puesto en práctica en los campos de batalla: nosotros por nuestra parte íbamos a prestarle la experiencia adquirida en lugares donde se hace necesario a cada paso variar los planes concebidos de antemano y obrar según las modificaciones del terreno en que se opera¨.
