Desastre ambiental
Lo que está pasando en la vereda Ceibas Afuera, zona rural del municipio de Neiva, es una catástrofe ambiental y la demostración de que no estamos preparados para enfrentar una calamidad de esta envergadura.
Hasta el cierre de esta edición las llamas habían consumido algo más de 1200 hectáreas de pastos, arbustos y cultivos de pancoger, generando pérdidas millonarias a los residentes en la zona y un incalculable daño ambiental.
Esta zona, considerada uno de los pulmones de la ciudad capital, donde además habitan especies menores de gran importancia para el equilibrio del ecosistema, quedó convertida un gran desierto de pasto quemado, de apariencia lúgubre y de muy difícil recuperación.
Roque Esquivel Pascuas, director de la oficina de Gestión de Riesgo de Neiva, quien además está al frente del operativo de extinción de la conflagración, reconoció que la ciudad no está preparada técnicamente para enfrentar una tragedia de esta magnitud.
Ayer trabajaban apenas 20 bomberos en el control de las llamas, en condiciones adversas por lo difícil del terreno, incluso arriesgando sus vidas.
Y esa ha sido la dinámica desde el pasado viernes –cuatro días atrás- cuando los campesinos del área de las veredas El Triunfo y Cerro Neiva alertaron sobre el inicio de la conflagración, que a propósito no está claro cómo se originó, aunque cada vez cobra más peso la teoría de que fueron manos criminales, caso en el cual deberán las autoridades asumir una investigación, buscar a los responsables y castigarlos.
Hoy el llamado es al Gobierno Nacional y a las empresas privadas –caso las petroleras- para que apoyen a los bomberos de Neiva en este arduo trabajo, antes que los focos tomen un nuevo aliento y continúen la senda de la destrucción, que como lo indicamos ya ha consumido más de 1200 hectáreas.
Y a nuestros administradores (acalde y gobernador), así como a nuestros cabildantes, el compromiso de reorientar recursos destinados a fortalecer el Cuerpo de Bomberos, con nuevos y modernos equipos, así como con personal capacitado que pueda enfrentar una emergencia del tamaño de la que estamos viviendo.
