viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-08 08:12

Desarmar los espíritus

Superadas las circunstancias que nos alejaron transitoriamente del “Diario del Huila”, volvemos al ejercicio de expresar con libertad nuestra opinión, que no tiene por qué coincidir con la oficial del periódico, expresada en su editorial.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 08 de 2014

Así, trataremos hoy de la necesidad  nacional de desarmar  los espíritus, si queremos algún día vivir en paz,  superado el conflicto que desde hace  más de 60 años desangra a Colombia. Para que el postconflicto tenga  un desarrollo  normal y las ingentes sumas que él nos costará no se  pierdan, será necesario que ante todo desarmemos los espíritus, desmovilicemos el lenguaje ofensivo y agresivo que distingue el ambiente de la guerra, y sepamos resolver nuestras diferencias (que siempre las habrá) en un marco de tolerancia con las  ideas de los demás, respetándolas  en su divergencia y sin pretender que la solución final sea el exterminio del contrario o su sumisión a nuestras propias ideas. La especie humana siempre ha encarado conflictos  y los seguirá encarando. Hasta ahora, lo hemos hecho violentamente, con la idea de  imponer nuestros criterios y erradicar  los ajenos, con la pretensión de que sólo nosotros tenemos la razón y las ideas de los demás deben ser irremediablemente erradicadas con la eliminación física del adversario o al menos con su sumisión y hasta su esclavización.

Lo más detestable es la presunción  de tener siempre la verdad, y mirar  a los demás por encima del hombro, regañándolos literalmente porque  “no construyen” sino que destruyen cuando exponen su propio criterio. Los  “bien pensantes” se aterran ante  la divergencia; les  parece “enfermo” quien no comparte su criterio “sano”; condenan  al infierno a quien expone ideas distintas a las generalmente aceptadas. Y en su cerebro totalitario, lleno de  lo que él mismo califica de “sabiduría”, no cabe una sola duda, cuando es precisamente la duda  el mejor  camino  para encontrar  la verdad.

Y con el desarme de  los espíritus, renunciar a la mentira  y la calumnia para enfrentar a  los contrarios en política. Acusar sin pruebas; vociferar  sin  compasión, perseguir con saña,  deben  ser conductas erradicadas del debate  público. Y mientras más elevado se encuentra  uno en la sociedad; mientras  más partidarios incondicionales se  tengan, y más estos con abyección demuestren su solidaridad, más responsabilidad con la sociedad se tiene; más graves consecuencias para ella –la  sociedad- tiene  los excesos conceptuales. No es lo mismo la opinión  de un  ciudadano común y corriente y aún la de  un columnista  bien  apreciado, cuya influencia es más bien limitada, a la de un jefe de partido nacional –y hasta internacional- a cuya voz responden millones de personas que siguen  ciegamente sus orientaciones. Desmovilizarse en su intransigencia debe ser la primera consigna de los  jefes de los partidos. Desmovilizar  los espíritus para lograr la convivencia, sin  querer la desaparición de las divergencias, las cuales deben  resolverse con la discusión pacífica y tolerante. 

Esta sería la base de  una paz  permanente.