Denuncie y verá…
MARCO FIDEL YUKUMÁ
En esta esquina
El presidente, el alcalde, el gobernador y todas las autoridades han advertido que mientras la gente no denuncie a la delincuencia, será imposible ganar la lucha por la seguridad en el país, pero caen en la más evidente contradicción cuando quienes denuncian solicitan protección y se encuentran con que no se puede. La protección es un privilegio de unos muy pocos.
Una jovencita que forma parte de mi familia fue interceptada por dos hombres que la despojaron violentamente de la motocicleta en que se movilizaba, pistola en mano, no solamente se apoderaron de su velocípedo sino que le arrebataron todas sus pertenecías. El robo se cometió en el norte de la ciudad, en un lugar concurrido de aparente seguridad, con vigilantes que dijeron estar conectados las 24 horas con la Policía, sin embargo, la Policía esa noche no logró llegar a tiempo a pesar de que la alerta se hizo cuando los delincuentes no habían abandonado el sector.
A raíz de mi insistencia, de mis constantes y muy repetidos clamores, la Policía encontró la motocicleta y al delincuente que le apuntó a la joven con el arma. Ella lo identificó en fotografías que tenía la policía y en la prensa cuando se emitió la información, se elevó la demanda y la Fiscalía ordenó que la joven debía identificarlo el día de la audiencia cuando ante la juez, quedaría frente a frente, a solo metros del peligroso delincuente.
La familia temerosa por la suerte de la joven que tenía que identificar al delincuente ante la juez, averiguó sobre la protección que se le daría, tras el riesgo a que se exponía al hacer la acusación frente a frente a un delincuente reconocido, peligroso y que iba a estar muy pocos meses en la cárcel, pero la fiscalía advirtió que no se le garantizaba ninguna protección, solamente algunas rondas esporádicas de la Policía en la casa donde vive la joven víctima.
Al ver que no había ninguna garantía para cooperar, en familia se tomó la decisión más fácil, asistir a la audiencia y no cooperar, es decir, no identificar al delincuente para no someterse a ningún riesgo. La fiscal le dijo clarito antes de la diligencia que ella, la joven víctima del atraco, podía identificarlo o simplemente decirle a la juez que él no era, y de inmediato el delincuente quedaría en libertad, confirmando que si lo identificaba era evidente el riesgo, y que no se le garantizaba más protección que las simples rondas muy esporádicas de la Policía en su casa.
Llegó el día de la audiencia, el delincuente acompañado por su abogado y parte de su familia ingresó a la sala coincidiendo con su víctima a quien acompañábamos también sus familiares y una abogada que antes de que subiera al estrado le recordó que no lo identificara porque era peligroso y era mejor dejar las cosas así, además estaba claro que no tendría protección.
Cuando la joven se encontró de frente con el asaltante que la miraba desafiante, yo diría que amenazante, dejó correr por su memoria los dramáticos instantes de la noche en que la despojó de la motocicleta y sus pertenencias, se llenó de valor, pensó que al día siguiente haría lo mismo con muchas otras mujeres indefensas de Neiva, se olvidó de las recomendaciones, y lo señaló con el índice, dirigiéndose a la juez sin dudarlo. Sí señora él es, dijo. Hoy, casi un año después, la Policía no ha reportado la primera ronda. Es más, ni siquiera averiguó dónde vive la valiente joven que se la jugó por la justicia, así la justicia no le importe para nada su suerte.
