Denominador común
Froilán Casas
¡Quién lo creyera! El amor y el odio tienen el mismo denominador, a saber: recuerdo y olvido. Quien odia, recuerda permanentemente la afrenta que padeció y olvida fácilmente todas las bondades que recibió de alguien que un día amó. Igualmente, quien ama: recuerda las bondades y olvida cualquier desavenencia o malentendido que hubiese habido en la relación personal. Quien odia -es una pasión tan baja- alimenta el rechazo a una persona y puede llegar incluso al asesinato. El odio es vil y demuestra pobreza de espíritu. Huye de quien odia, mañana te puede odiar a ti. No confía en quien no es capaz de perdonar, éste un día se vengará de ti y no tolerará cualquier ofensa. Todo lo que se alimenta crece; quien vive alimentando el odio, llega hasta las peores consecuencias. El odio pasional es el más nefasto de todos, la persona vive enferma hasta no lograr la venganza medida por su exacerbado odio; por ello llega hasta la sevicia. El odio pasional es un amor pasional frustrado. Quien odia nunca satisface sus apetitos vengativos. El odio si no se controla, resulta una enfermedad crónica difícil de erradicar. Quien odia es un resentido social que no se contenta con nada y vive envidiando a los otros, los ve superiores y quiere deshacerse de ellos. El odio vuelve a la persona antisocial, un desadaptado para convivir generando problemas en todas partes en donde se encuentre. Quien odia por alguna frustración sexual, lucha para deshacerse del que no le complació en sus instintos incontrolables de poseer al otro como una mercancía. ¡Cuidado! Ten autoestima, no te dejes manipular por nadie; no idolatres a nadie; nadie es necesario, el único necesario es Dios. No le des culto a nadie, mañana te convertirás en su esclavo. Quien quiera poseerte no es tu amigo, será tu verdugo.
Ama, pero ama con madurez afectiva. Ama, pero no pierdas tu identidad; ayuda a crecer al otro apoyándole en sus proyectos pero no te enajenes a él. Tú puedes negociar muchas cosas, jamás negocies tus principios. Tú debes conocer el límite de lo negociable y lo no negociable. Compartir con los demás no significa perder tu identidad; tampoco se trata de imponer a los otros tus caprichos signados por el egoísmo y el narcisismo; marca la diferencia. Para convivir se requieren un mínimo de reglas de convivencia. Los anarquistas son los más crueles asesinos. ¡Qué ironía! Quien impuso la guillotina murió guillotinado -víctima de su propio invento-. Dios no castiga ni con el palo ni con rejo sino con tu mismo pellejo. Los malos y corruptos son víctimas de su propio ambiente; algún día resultará uno más cruel y le pagará con la misma moneda. El que anda con lobos a aullar aprende. En la pelea de las comadres se descubren las verdades; los malos repartos en lo robado o el mal reparto en la cuota burocrática, sí que lleva a conocer el fondo de muchas realidades. Los honestos miramos estupefactos tanta felonía. No te olvides, si tú siembras el mal, cosecharás el mal. La cuenta de cobro llegará. ¿Qué estás sembrando hoy? El futuro es el resultado del presente.
