viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-25 09:46

Del paternalismo a la mendicidad

Controversias a granel se generan día a día con un Estado que dentro de la forma de ejecutar sus políticas sociales y de establecer los parámetros normativos que rigen sus instituciones, pasa de un estilo paternalista, a convertir a los ciudadanos en unos mendicantes de la protección y de los mecanismos de defensa de su propia subsistencia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 25 de 2014

Hemos perdido la racionalidad de los actos de poder, hemos convertido la cosa pública en el reducto al cual se accede para deleitarse por parte de los funcionarios públicos de las mieles del poder, pregonando la idea de aprovechar el cuarto de hora que les queda, en tanto, que más allá, los receptores de las políticas del Estado Social de Derecho, terminan recibiendo pequeñas migas, de lo que no alcanzan a embolsillarse aquellos o bien, los entes de control encargados de su vigilancia y de la eficacia de las instituciones.
 
El Estado dadivoso hace parte dentro de su estrategia de delinear mecanismos para llegar a los menesterosos con pequeñas sumas de dinero, o pequeños escarceos de mermelada, que mitigan un momento de la vida de grandes colectividades, mientras esperan pacientes el paso de los días, para volver a recibir dicha ración, y con ello, ser receptores del voto popular que refrende la presencia de unos orangutanes en el poder público.
 
Y todo sigue dentro de la normalidad, nuestra Justicia pregonando y ejerciendo la ilegitimidad del poder, el legislativo encargado de proteger los intereses de unos pocos y sumarse a la aprobación de leyes que carcomen la identidad nacional, que sirven de experimento para socavar los restos de una Constitución que está hecha girones, y finalmente se aprestan a la aprobación del presupuesto y de las reformas tributarias que nos llevan a ser uno de los países más contributivos de la tierra, siempre siendo las clases menos favorecidas, las damnificadas de este carrusel de la corrupción y del vandalismo institucional.
 
Y mientras esto sucede, el Presidente Santos, convoca en un acto de supuesta generosidad que no ha de conducir a ningún resultado positivo, a quien lo colocó en el poder, y es hoy su principal antagonista de la política nacional, con el fin de dialogar sobre un tema que no ha de conducir a ningún puerto seguro y que no puede darse en la firma de ningún documento público o privado: la paz.
 
Dicho encuentro no tiene por qué producirse. Dicho encuentro no puede ser utilizado por la institucionalidad, cuando ha generado parte de esa violencia partidista en el que estamos enfrentados y la cual, solo se aplaca en la medida en la que la mermelada y los puestos burocráticos se canjean entre sus amigos y entre sus secuaces.
 
Mientras esto sucede, una justicia paquidérmica, generadora de la más alta impunidad, protectora de los índices más espeluznantes de criminalidad que crece día a día, justicia que está de espaldas al país, que esta ajena al reconocimiento del entorno de las gentes y de la sociedad, sigue luchando por un salario que no se merece y por una burocracia que cada día es más paquidérmica y nugatoria del fin para el cual fue instituida.
 
 
Y las víctimas del delito, clamando un poco de justicia. Hemos terminado por vivir en un Estado que nos convirtió de la noche a la mañana, en mendicantes de todo y de todos los días de lo más mínimo que podemos pedir: el derecho a la vida, la protección ciudadana, el derecho a la tranquilidad y a la felicidad que nunca llegan.