lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-29 08:35

Del acoso

Ernesto Cabrera Tejada

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 29 de 2016

El silencio deviene de  situaciones que provocan temor. Cuando ese silencio es obligado protege conductas aberrantes de individuos que con supremacía  se escudan  en su cargo y alguna seudo sociedad a la que cree pertenecer.

La historia del Defensor del Pueblo y su secretaria es una más de esas cotidianas “funciones” que  ciertos jefes  asumen como un derecho, se saben y nadie dice nada.

En nuestra región es recurrente; un empresarismo sin estrategias se conduce a ciegas, con pasiones y perversiones, se limita a las condiciones de sobrevivir en la débil relación  patrón – empleado, en donde las funciones de este último terminan con  un…“y lo demás que el jefe determine” es la puerta abierta a lo permitido y lo que no en el ámbito laboral.

Muchos hemos tenido que huir de condiciones imposibles y que nunca creímos pasar a evidenciar, todos estamos expuestos a ello.  “toda conducta persistente y demostrable, ejercida sobre un empleado, trabajador por parte de un empleador, un jefe o superior jerárquico inmediato o mediato, un compañero de trabajo o un subalterno, encaminada a infundir miedo, intimidación, terror y angustia, a causar perjuicio laboral, generar desmotivación en el trabajo, o inducir la renuncia del mismo”. Usted lo ha vivido.

Evitar el desempleo obliga a la humillación, el miedo provoca silencio y ningún apoyo, la ley es imprecisa y no evita que las situaciones se agraven. Pero quienes encaminamos por la dignidad, la libertad y el derecho encontramos como resultado general la pérdida del trabajo y con las consecuencias propias de heridas emocionales y psicológicas que pudieran transformar nuestra vida y el entorno correspondiente. Incluso cuando hemos sido más poderosos y hemos tomado con entereza renunciar.

Las calles y espacios de comentarios públicos refieren a varios jefes locales como;  individuos  inquisidores, mezquinos de sentimientos y obnubilados de poder. Ni sus sarcasmos y conflictivas acciones sociales, ni sus crecientes fortunas pueden vulnerar la condición humana. Algunos manifiestan estar cambiando pero ello se asemeja al caso del alcohólico que dejó de beber ayer. Ya no bebe, pero hasta ayer bebió. Es frágil aún frente a su  dejado vicio.