Dejemos el pasado y vayamos al futuro
Álvaro Hernando Cardona González
Varias veces hemos citado el libro Basta de historias del periodista argentino Andrés Oppenheimer, en el que, entre otras cosas, dice que los habitantes de las naciones latinoamericanas somos tan apegados al pasado en vez de ver el futuro, que nos hemos empecinado en desenterrar incluso a nuestros muertos. Recuerda lo que hizo el dictador Hugo Chávez con Simón Bolívar, Nestor Kirchner en Argentina con Juan Domingo Perón, o lo que intentó Rafael Correa en Ecuador con José Eloy Alfaro.
Por otra parte, en la entrevista que Juan Carlos Iragorri le hizo a Felipe López para el libro El hombre detrás de la revista Semana, el comentario del entrevistado sobre que en una cena con Henry Kissinger en los setenta del siglo pasado, éste había comentado que en todas las ceremonias que había estado en México por aquel entonces, el presidente, el canciller o el funcionario de turno le había echado una perorata anti-yanqui por cuenta de la guerra de Estados Unidos y México en 1847 por la que el segundo había perdido a Texas mientras que cuando iba al Japón a todos los nipones los hallaba pronorteamericanos pese a que hacía treinta años los Estados Unidos los había bombardeado con dos bombas atómicas.
¿Qué pasa en Latinoamérica? ¿Por qué ese apego al pasado, a la historia, a repetirla y a no aplicar el sentido común para su desarrollo? ¿Por qué somos tan propensos al statuo quo que se nota con reelecciones permanentes?
Cuando hemos tenido que sufrir tantas veces los trancones eternos al ingreso a Bogotá por el norte, pensamos que lo lógico sería iniciar cuanto antes una ampliación de esa vía con la construcción de mínimo dos carriles más por cada calzada y hacerlo aprovechando el amplio espacio que existe en el separador. Eso sí, también lógico, construyendo puentes amplios que la crucen y permitan el ingreso hacia el oriente o el occidente sin generar traumatismos. Entre otras cosas porque el ingreso a los colegios, cementerios y universidades del sector, y los retornos, son la gran causa de las congestiones, de la diminución de velocidad de movilización y una alta contaminación.
Seguimos anclados al pasado en vez de avizorar permanentemente el futuro y anticiparnos a él. Por eso aún hay voces que gritan en Neiva irracionalmente que la implementación de un sistema estratégico e integrado de transporte, prestado por las mismas empresas que actualmente lo hacen, no solucionará algunos de los problemas actuales de movilidad. Tontos, es cierto que no se solucionan todos mientras no nos bajemos del vehículo particular o cuando coexisten medios ilícitos como el moto-taxi y la gente los prefiere, pero es un paso al futuro.
