viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-05-21 08:37

Dejad que nuestros niños coman tierra

Cuando en la Alemania de 1909, Paul Ehrlich desarrolló el primer antibiótico de corto espectro, apodó a estas medicinas “balas mágicas”, porque mataban al intruso y dejaban vivo al huésped.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 21 de 2014

Pero sus herederos científicos quisieran gritar hoy, como en el colegio, “¡Pum, pum, si no mueres, no juego!”. Los gérmenes ya no responden a sus balas.

En un informe de abril 30 de 2014, la OMS alerta acerca del crecimiento de la resistencia de los gérmenes a los antibióticos en el mundo. Con ello toca las campanas a rebato y especifica que la resistencia antimicrobial en las bacterias es “un problema tan serio que amenaza los logros de la medicina moderna”. Y añade: “Una era post antibióticos, en la cual las enfermedades comunes y las heridas menores pueden matar, lejos de ser una fantasía apocalíptica, es en cambio una posibilidad muy real para el siglo XXI”.

La lucha contra la enfermedad a lo largo de la historia ha sido violenta y sostenida. El primer antibiótico conocido se utilizó en China hace 2.500 años. Se trataba del moho de la cuajada de soya, cuya aplicación traía beneficios terapéuticos en ciertas infecciones. Después aparecieron la penicilina y las sulfas, y luego los innumerables antibióticos, algunos de los cuales ya van en la sexta generación. Sin embargo, las astutas bacterias han mutado aún más rápido.

Las pandemias que la aventura médica alopática creía al borde de desaparecer, han regresado. Las muertes por bacterias hospitalarias se han incrementado. La tuberculosis, la malaria, la neumonía, el VIH y la gonorrea, por poner ejemplos, ya no se arredran tan fácilmente ante los sintéticos. Desde luego, el resultado de la resistencia es un aumento de los costos de la salud y del riesgo de muerte.

Seis meses antes del informe de la OMS, en diciembre, la FDA de los Estados Unidos —que evidentemente está al tanto— emite un comunicado en el que afirma que como “los antibióticos se añaden al alimento o al agua que ingieren el ganado vacuno, los cerdos, las aves y otros animales para consumo humano, a fin de ayudarlos a subir de peso más rápido o a que necesiten menos comida para hacerlo”, y como su uso contribuye a desarrollar una resistencia a los mismos, la FDA propone unas directrices, voluntarias. Allí sugieren al sector agropecuario y farmacéutico veterinario —esos voraces fagocitos planetarios— que eviten ciertas medicinas que al transmitirse al consumidor a través de la carne, leche y huevos crean resistencia al medicamento en el paciente infectado. Sumémosle el abuso de los antibióticos que se venden a porrillo y entenderemos que la OMS tenga el alma en vilo.

Por el momento la salud tiene recursos complementarios como la etnobotánica, el ayurveda y las medicinas naturales. Hay que fortalecer el sistema inmunológico a la antigua, es decir, aunque suene a broma, dejar que nuestros niños coman tierra; y esperar a que la ciencia desarrolle los bacteriófagos o devoradores de bacterias, cuya investigación había sido relegada y que ahora reaparece como alternativa en la era de los patógenos resistentes a las balas perdidas de las multidrogas.

Por: Ignacio Zuleta