Defendamos los valores de la familia
Editorial
Como una salida en falso, es considerada la decisión tomada por la Ministra de Educación Nacional Gina Parody por la opinión pública, para cumplir con la orden emanada en una sentencia de la Corte Constitucional, para revisar los manuales de convivencia de los establecimientos educativos, luego que el estudiante Sergio Urrego, se suicidara tras ser discriminado en el ámbito escolar en el Colegio Castillo Campestre y que se ha convertido en un dolor de cabeza para las autoridades académicas por las implicaciones formativas en la comunidad educativa. Todos conocemos que, en este mundo moderno, se presentan diversos escenarios en las organizaciones empresariales de carácter público y privado, porque se desencadenan algunas tendencias que reflejan la identidad de género de sus empleados y en el caso de los colegios, se empiezan a vislumbrar esas transformaciones en la personalidad de los estudiantes y profesores.
Tradicionalmente se han presentado protestas sociales de los profesores y estudiantes ante la aplicación de políticas públicas que han permeado negativamente la calidad de la educación. Pero que el país entero se haya volcado a las calles para rechazar la medida de esta cartera ministerial, que busca incidir en la formación de las nuevas generaciones a través de la imposición de una ideología de género en la educación de nuestros infantes, atropellando con dicha actitud nefasta, con la formación de valores en las familias colombianas.
Es tal el rechazo general, que las empresas encuestadoras empiezan a generar sondeos de opinión sobre la imagen del presidente Juan Manuel Santos Calderón, que en los últimos meses había tenido una leve recuperación, pero que ha vuelto a descender por culpa de la gestión de su Ministra de Educación Nacional, que ha enrarecido el panorama nacional, inclusive del fervor popular del plebiscito. Hasta la iglesia ha salido a pronunciarse a favor de la preservación de los valores en la familia. No se pueden alterar las tradiciones familiares que se han mantenido a través de la historia de la República. Aunque somos conscientes que la aplicación de las Tics en los procesos de enseñanza aprendizaje, han permeado negativamente la mentalidad de los jóvenes, por la penetración masiva de mensajes que atentan contra la moral de los mismos. Y es mayor el daño que se está generando, porque no existen controles de los padres de familia sobre el manejo de las páginas de las redes sociales. Además, el Estado se vuelve cómplice con esta situación anormal, porque no ejerce los controles estrictos sobre los operadores de televisión y sobre el uso de las mismas, que permanentemente expresan antivalores, que lesionan la formación integral de nuestros hijos.
