jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-01-12 06:58

Debemos atacar la pobreza

Por Ana María Rincón Herrera

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 12 de 2015

Atender la pobreza hoy en día no es simplemente un acto de corazón bondadoso e inclusive, no es un acto ético y de equidad, es más que eso, si un Gobierno no le apunta dentro de sus políticas y programas atender prioritariamente este problema, si una sociedad no lo hace, carece de legitimidad y estabilidad social, económica y política se verá amenazada. Resolver el problema de la pobreza es una prioridad de todos.

Como decía mi hijo Sergio Younes, “estamos obligados a sentarnos a la mesa para definir los caminos de nuestro futuro común y sobre la misión que compartimos por razones que superan nuestras propias veleidades. Y a organizar la sociedad que queremos como la queremos con planes de acción que dimensionen realidades y posibilidades sin discriminaciones ni mezquindades, con la grandeza que va más allá de minucias que empequeñecen y empobrecen. Armemos un equipo de región, una conciencia de región”.

Este es el origen mismo de las dificultades de nuestras comunidades como contraposición al concepto mismo de riqueza.

Da vergüenza la cohabitación que a diario vemos de las formas más ostentosas de riqueza al lado de las formas más lamentables de pobreza.

Tenemos empresas y ejecutivos contentos con sus triunfos, pero no es suficiente. El trabajo no sólo es fuente de lucro, también es la manera como el individuo encuentra su realización íntima y su ubicación en el seno de la comunidad. La labor de cada cual impulsa a su manera la sociedad y abre a la persona el espacio de respeto y reconocimiento que necesita para sentir suyo el progreso colectivo y el patrimonio común que se recibe de generaciones anteriores. La autoridad moral para convivir con los demás y disfrutar de los bienes colectivos no la da sino el sentido de pertenencia social que se deriva del trabajo y de la forma honesta de vivir.

Volviendo los ojos sobre el Huila, se debe reconocer que es una región aventajada sobre muchas otras del país. La calidad de vida se ha degradado en cuanto creció el número de habitantes y se concentraron en las cabeceras municipales sin que creciera la economía, sin que se diversificara y sin que se modernizara. Y la mayoría de los recursos humanos que se formaron a plenitud y se destacaron emigraron casi todos fuera del departamento.

Por esa razón, sin lugar a equívocos, Colombia no se va a someter al terror ni al miedo, es una responsabilidad de cada uno de nosotros de atacar la pobreza y ayudarnos los unos con los otros. Por último quiero expresar un aparte de que la Colombia de la paz será muy diferente a la actual, menos injusta y más equitativa. Que a nadie le extrañe si en el proceso tenemos que recoger, barajar y volver a repartir.