De tahúres y cortinas de humo
Cuando se disperse el humo de la cortina tendida por grandes medios de comunicación, ya Oscar Iván Zuluaga estará listo en el partidor victorioso de la segunda vuelta.
Por Hugo Tovar Marroquín
El presidente Juan Manuel Santos, más que inteligente y compulsivo jugador de póquer, es un experimentado tahúr de la política y sabe que, a escasos días de las elecciones, se tiene que restear; y entiende que en el juego –en su juego– lo más importante es hacer perder a los otros, al precio que fuere. Pero olvida, en su delirante carrera por la reelección, que millones de colombianos sabemos que el juego –el juego sórdido– sólo sirve para dar ventajas a los vividores y para arruinar a los idiotas.
No es cuento. Al precio de sacrificar valores democráticos esenciales, amigos y asesores de Santos acaban de estrenar el manido expediente de masacrar moralmente al adversario. La campaña electoral, que para Santos avanza de revés en revés, ha descendido de los debates programáticos al más grotesco montaje oficial de difamación contra Oscar Iván Zuluaga, con Fiscalía a bordo y con el eficiente concurso de los medios más influyentes que se dejaron seducir por la dulce mermelada.
Pero la maniobra contra Zuluaga es un fiasco más de la campaña reeleccionista. Lo que ha quedado en evidencia es que la investigación penal contra Andrés Sepúlveda ya estaba en curso, no como actuación seria y veraz, sino como una infiltración burda y deliberada, pero inconclusa, sólo que fue sacada a la luz pública de manera forzada, para tender una cortina de humo sobre los efectos catastróficos de dos publicaciones inesperadas, de Semana y El Espectador, acerca de la entrega de los Doce millones de dólares de la mafia a J.J. Rendón o, según este, a Germán Chica, ambos cercanos al presidente Santos. Las contradicciones del Fiscal General sobre el caso de Sepúlveda ponen al descubierto las inconsistencias de la investigación.
La entrega de esos US$12’000.000 es un hecho tan contundente y real, que JJ Rendón y Germán Chica se acusan mutuamente. "Chica sostiene –dice Coronel en su último artículo–que fue a Miami para llevarle a Rendón una razón de los emisarios de los narcos, molestos porque no habían visto los resultados del supuesto pago, y encontró que J.J. había comprado el penthouse", en "4 millones de dólares", agrega el columnista; y a su turno, Rendón replica diciendo que "su estilo de vida no ha cambiado y que en cambio a Chica se le nota la plata nueva en propiedades, carros de lujo y obras de arte".
No obstante la gravedad y veracidad de estas acusaciones recíprocas, muy propias del hampa, la Fiscalía General resta importancia al caso de los Doce millones de dólares y, con amplificación de la prensa, concentra sus energías en el caso de hacker Andrés Sepúlveda, cuyo “delito” consiste en obtener información delictiva, a través de seguimientos a voceros de las Farc con asiento en La Habana, para ser entregada a encargados de Inteligencia Militar, con miras prevenir atentados terroristas.
Así han manipulado la Justicia y la información. Como resultado de estas maquinaciones cayó, ingenuamente, Luis Alfonso Hoyos, y por esa misma vía pretenden enlodar, injustamente, al joven David Zuluaga Martínez.
Santos aún no ha entendido que para que reelijan a un Presiente, lo único que debe hacer es gobernar bien, en lugar de enfilar artillería para destruir adversarios. En cambio, la inmensa mayoría de los colombianos sabe que, cuando se disperse el humo de la cortina tendida por grandes medios de comunicación, ya Oscar Iván Zuluaga estará listo en el partidor victorioso de la segunda vuelta.
