martes, 14 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-12-10 10:09

De las mechas

Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 10 de 2015

A punto de cogerse de las mechas andan dos vecinas, señoras muy conocidas, del Edificio Avenida de Neiva: Susana Díaz y la Contralora de Neiva, Alba Segura de Castaño.

Ambas gozan de lengua afilada, pero la Segura tiene fama de manilarga. Y no hablo de meterle la mano al bolsillo de los ciudadanos (que no me consta) sino de su vocación boxística. Aunque le archivaron un proceso, la contralora la emprendió a cachetadas contra la señora de los tintos de su oficina, Luz Mary Orjuela Rengifo, según la agredida. Como la acción fue en un baño y no hubo sangre ni testigos, resultó imposible comprobar la embestida.

Segura también fue requerida por acoso laboral y cuando un periodista de La Nación le preguntó si era cascarrabias, respondió: -“Yo le doy a la gente lo que se merece”. También dijo: “la gente me conoce”, el equivalente a “usted no sabe quién soy yo”.

La Contralora tiene un apartamento ubicado encima del de Susana, miembro de una familia muy querida y numerosa, “los mechudos Díaz”, remoquete que heredaron de don Neftalí, un viejo regodo de casi dos metros y “una mata de pelo” blanca, a la que siempre le apuntaban y nunca le dieron como soldado colombiano en la guerra de los mil días.

Del apartamento de la Contralora se le filtran aguas negras al de Susana, que ha llevado el caso a las autoridades (donde Alba Segura ejerce poder tácito e institucional) y no ha sido posible que la funcionaria le reconozca los daños.

Los diálogos sostenidos, tanto en una frustrada audiencia de conciliación como encuentros ocasionales en el edificio, han sido más o menos de este tenor, poniendo lo central porque entiendo que se regaron como verdolaga en playa.  

-Usted pretende ganar porque tiene más plata, le dice Segura, arrabalera y a todo pulmón.

-Es posible, pero también tengo más clase, le responde Díaz.

-Usted dice que yo soy una politiquera, se queja la contralora, pidiendo respeto por su condición de alta funcionaria.

-No señora, yo digo que usted es tramposa, págueme lo que me está debiendo.

El asunto parece menor entre vecinos, chismes de cocina (frente a hechos graves como el pillaje y el saqueo a Neiva por parte del alcalde Suárez), pero encuentro dos razones de peso para tratarlo:

La Contralora no puede abusar de su condición y sería bochornoso para la ciudad y los vecinos del edificio –ya siento la algarabía- que las dos señoras se tiren de las mechas (y se revuelquen, como decíamos en Pitalito) o se produzca un hecho fatal, aunque sólo sea para la estética.