De la desinstitucionalidad y otros demonios ¡
Por Julio Cesar Triana Quintero
No acabamos de reponernos de la condena a un sinnúmero de congresistas por vínculos con grupos al margen de la Ley, cuando otro escándalo, con ribetes penales, alcanza alguno de los grandes poderes de nuestro débil Estado.
A finales del Gobierno del anterior Presidente, fuimos testigos de uno de los episodios más vergonzosos de la vida institucional del país: En medio de una situación casi televisiva, vimos a funcionarios del ejecutivo desfilando por los órganos judiciales, defendiendo lo indefendible, despojándose de cualquier escrúpulo para negar lo innegable y hasta investigados encopetados que en medio de su fuga del país, olvidaban que mientras que antes, cuando hacían parte de la institucionalidad y la defendían, cuando ahora se les investigaba por el mismo aparato estatal, desdecían de él y hasta lo cuestionan ante órganos internacionales de justicia.
Más recientemente el mundo nos acompañó desde las graderías de lo insólito, a observar como un Alcalde Mayor se defendía judicialmente, dentro y fuera del país, de una serie de investigaciones que terminaron en un gran interrogante aún no resuelto que claramente impide responder con certeza la pregunta en torno a si Petro está o no sancionado.
Pero lo ocurrido en las últimas semanas resulta preocupante por tratarse de Altos Magistrados de la Judicatura, adalides de la Justicia, que tienen en sus manos el deber de aplicar de manera correcta nuestras normas vigentes y velar por las garantías procesales a que tienen derecho todos los ciudadanos de este país. La gravedad de este evento, ha hecho que por momentos el país y los medios olviden la angustia que generan otros temas que dificultan la convivencia en nuestro amada Patria.
Parece una versión terrenal y real del apocalipsis, pero no, es Colombia, es nuestro país, aquel mismo en el que los ciudadanos golpean a los policías y autoridades de tránsito, pero también aquel en el que arrojamos basuras a las calles e irrespetamos las normas de tránsito.
Creo con seguridad que transitamos por una de las épocas más difíciles de la institucionalidad del país y por las experiencias vividas, leídas y escuchadas, también estoy convencido que la solución no es una nueva Constitución, una Ley o una orden; el cambio está en nuestra conciencia, nuestro sentido de pertenencia, el único que podrá ayudarnos a superar el más duro de los episodios de la serie: La paz del país.
