sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-01-04 08:43

Cuando el tinto sea noticia

Alberto Martinez

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 04 de 2017

Los periodistas estamos parados en el paradigma de la neutralidad. 

Creemos que si nuestras emociones no se involucran con los temas y con las fuentes, garantizamos con mayor transparencia el sagrado derecho de los ciudadanos a estar informados.

Para mantener esa distancia nos valemos de un código que determina, a lo ancho y a lo largo del planeta, qué es noticia y qué no.

De manera que disponemos de un  manual que nos enseñaron en las escuelas y adquirió perfección en las salas de redacción, sobre lo que es noticia y lo que solo tiene su apariencia.

Ese código sostiene, por ejemplo, que el Ministro de Hacienda es más importante que el presidente de un sindicato, y por aquello de que “Coca Cola mata a tinto” le abrimos espacio a lo que dice el funcionario y se lo vamos cerrando al dirigente. Ni hablar de los ciudadanos comunes.

Es como una especie de escalera, en la que los peldaños inferiores van desapareciendo del interés de  la valoración.

Lo que pasa es que no hacemos juzgamientos distintos del peso de la fuente y nos quedamos con cualquier cosa que aquella dice.

Sería interesante si, por ejemplo, nos detuviéramos a revisar los contenidos y determináramos, en función de la conveniencia social, si lo publicamos o no.

Es implicaría desplegar nuestro oficio en un terreno de subjetividad conciente e, inclusive, empezar a debatir un nuevo código de tasación de las noticias. 

¿Saben qué ocurre? Ya somos subjetivos pero sin una distinción diferente de la que establece la codificación.

Me explico: si reproducimos la voz de un Ministro de Hacienda cuando sostiene que la reforma tributaria es necesaria para evitar una recesión económica en el país, sin el ejercicio que sugiero estaremos repitiendo sus intencionalidades porque, ajá, “Coca cola mata tinto”.

No digo que los periodistas seamos los culpables de los males de la nación -¡faltaba más!- pero si hemos contribuido a perpetuar algunos de sus abordajes.

Déjenme citar otro ejemplo: para explicar los fenómenos económicos que ocurren en nuestra nación, nos valemos, por lo general, de unas posturas preconcebidas: si las empresas aumentan el salario automáticamente generan desempleo, si hay inflación el control se ejerce por la demanda, si hay subsidios generamos una distorsión en el mercado…

Todos esos son pruritos discursivos que hacen parte de una escuela del pensamiento económico, es decir, de una forma de ver esa realidad. El asunto es que todas las fuentes “coca colas” fueron formadas en ellas.

Así las cosas, nuestras informaciones no revelan sino una visión de la fenomenología económica y dejan por fuera a algunas que no alcanzamos a imaginar.

Pero igual pasa con otros hechos y temáticas.

Al saludar a mis colegas en este comienzo de año, quiero invitarlos formalmente a reflexionar sobre una nueva categorización noticiosa que nos permita aceptar la subjetividad como valor y hacer una mediación más incluyente de la realidad que cubrimos.