domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-07-02 07:01

Crisis judicial: factor humano

Amadeo Gonzalez Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 02 de 2016

Una verdad que duele y sobre la cual, no hacemos nada por remediar, tiene que ver con el fenómeno de la crisis en la justicia que se vive hace muchos años, a la cual, siempre se le ha querido dar un respiro o un alivio, con fórmulas que en nada se corresponden con la verdadera solución a éste gran mal social que se vive.

No son los procedimientos definitivamente los que fallan, no son los mecanismos de solución de los conflictos, los que han fracasado. A pesar de que mucho tienen que ver con el resultado final que todos aceptamos y reconocemos como parte de la crisis en la justicia.

A ratos, cuando debatimos este tema, llegamos a la conclusión de que el elemento esencial para la crisis judicial en Colombia, está en el factor humano. Está en los funcionarios que se encuentran ejerciendo o cumpliendo las labores propias de éste papel protagónico en sociedad. Y de allí, comienza a uno a comprender que nos enfrentamos a una ausencia total en la formación integral, del ser humano, ya que no se tiene el menor conocimiento de la sociología, de la literatura, de la filosofía, como elementos esenciales del convivir, y su ausencia choca con la realidad para mostrarnos ese grupo de Abogados que se titularon y nunca fueron más allá de un inciso, de una norma o de copiar y pegar providencias, desconociendo el entorno y la razón de ser de su papel en sociedad, dejando de crear Derecho y de reconocer Derechos.

Nos acostumbramos a convivir con el entorno, sin superarlo. Se nos han creado falsas imágenes de justicia y de equidad. No nos hemos preocupado por comprender la dimensión del papel que nos corresponde en la solución de los conflictos sociales y por eso, hemos terminado por hacerlos más gravosos, por dilatar sus decisiones, por buscar entre las marañas de nuestra imaginación, las talanqueras que nos distancien del otro. Vivimos prevenidos y censuramos todo lo que se nos dice, como si se tratara de una ofensa o de una insinuación que no va con la regla de la experiencia o con la filosofía de la vida.

En este trasegar por considerar que ese ser humano que cumple funciones judiciales, ha terminado de una u otra forma, salpicado por los fenómenos de la corrupción social que se esparce sin control, como una forma de maleza, entre las comunidades, no necesariamente se quiere decir que es el factor económico el que impera en muchas de sus decisiones, sino que hay un trasfondo más grave aún, que tiene que ver con la ausencia de connotaciones de convivencia, de reconocimiento del otro, de aceptación de la razón en otros y por qué no, de segregación en todos los órdenes con los otros, los que hacen parte de esas suma de elementos que constituyen formas aberrantes y corruptas que pululan en todos las instituciones del Estado.

Hay quienes reconocemos que la formación del Abogado, no es la más adecuada en los actuales momentos, que desde mucho tiempo atrás, ésta profesión ha terminado por ser en gran parte, una profesión residual a la que se llegó, por la imposibilidad de acceder a otros estudios superiores, por la forma como se ofrecen programas sin calidad y sin responsabilidad, siendo las facultades de Derecho, los grandes protagonistas de ésta crisis institucional y cómo en últimas, la profesión de Abogado se constituyó en una forma de vida, antes que en una forma o razón de ser, de quienes accedieron a su formación.

Perdimos el rumbo y la orientación de la necesidad de abogar por el otro, como nos los exige su ministerio. Es preciso volver los ojos al ser humano, para entender que la crisis judicial tocó fondo, cuando perdimos la razón de ser en sociedad y nos hemos dejado confundir por falsos postulados de justicia y de paz, que nunca hemos tenido.