Crisis fronteriza
Parece que la aspiración del Libertador Simón Bolívar, que tanto recuerda los vecinos ciudadanos de Venezuela, de bajar tranquilo al sepulcro, si se consolidaba la ‘unión’, seguirá siendo un sueño frustrado.
Los países que hoy deberían destacarse por tener unas relaciones fraternales, por la herencia emancipadora de Bolívar, no cuentan con una relación de hermandad ni si quiera en el peso.
Desde el jueves pasado la frontera de Colombia con Venezuela está cerrada. Este infortunado hecho obedece, según el presidente vecino Nicolás Maduro, pues la violencia paramilitar estaba ‘pudriendo’ la frontera.
De esta manera se cerró la frontera afectado a miles de ciudadanos colombianos que viven del comercio local que se da en este sector. Adicional a esto se supo que el gobierno venezolano, a través de sus fuerzas militares maltrató a muchos nacionales que habitan cerca de esta área, ahora de conflicto.
Por esta razón, ayer el procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, tal vez extralimitándose (y asumiendo la competencia de la Cancillería) se refirió al tema, afirmando que se trataba de un delito de lesa humanidad lo que estaban haciendo con los colombianos. “La justicia internacional llegará y hará pagar a este asesino internacional por sus crímenes”, dijo.
Entre tanto, las víctimas seguirán siendo las personas de lado y lado de la frontera, por la decisión de un gobernante insensato, que siguiendo a su antecesor Hugo Chávez, sólo le importa su parecer ideológico, más no las necesidades de su mismo pueblo.
Si bien es cierto, y si la seguridad de Venezuela es lo suficientemente eficiente, lo justo sería que la Fuerza Pública de este país capturara y enjuiciara a los supuestos colombianos delincuentes que han hecho, según él, ‘pudrir’ la frontera.
Es claro que los dos gobiernos combaten el narcotráfico, de modo que hay puntos de acuerdo sobre lo que se debe hacer, de tal forma que no hay razón para obviar una problemática cerrando la frontera y generando más caos a nuestros nacionales.
