Crimen de Lara Bonilla no puede quedar impune
Hoy hace 30 años se registró el magnicidio de Rodrigo Lara Bonilla, uno de los huilenses más ilustres, ejemplo de rectitud y símbolo de entereza.
De su muerte se ha dicho mucho y aunque no hubo una investigación seria que llevara a identificar plenamente a los responsables (autores intelectuales) se cree que estuvo en cabeza de una alianza macabra entre narcotraficantes y políticos, una mafia que no soportó la presión de un ministro de Justicia serio y frentero.
Su muerte, como la de Luis Carlos Galán, Guillermo Cano, Enrique Low Murtra y Álvaro Gómez, entre otros grandes, se constituye hoy en una vergüenza nacional, en el sacrificio de grandes pensadores que fueron eliminados por esa clase corrupta que infortunadamente no hemos logrado extinguir de nuestra sociedad.
Lara Bonilla, quien como ministro fue uno de los primeros en perseguir y denunciar el poder del narcotráfico en el país, fue asesinado en un momento crucial, cuando se empezó a destapar el verdadero poder del narcotráfico y su innegable relación con la política.
Fue uno de los primeros magnicidios de la mafia en su intento por doblegar al Estado. Uno de los asesinos, Byron de Jesús Velásquez, fue capturado minutos después del crimen y el otro murió en la persecución de la Policía. Byron ya cumplió su pena y hoy goza de libertad, de la misma forma como lo están haciendo los que ordenaron y pagaron la muerte de Lara Bonilla.
Por fortuna el 17 de septiembre del 2012 un fiscal de Derechos Humanos declaró el crimen como de lesa humanidad, por lo que la investigación, a la que fue vinculada toda la estructura del desvertebrado Cartel de Medellín, no prescribirá jamás.
Este es el único aliciente que se tiene en el momento, pensar que como sucedió con el caso de Luis Carlos Galán, algún día la justicia logre identificar a por lo menos uno de los responsables para que responda.
Esta es la obligación que hoy tiene la Fiscalía con todo un país que ya reaccionó y que necesita saber la verdad, tal vez la única forma de llegar a la reconciliación que tanto necesitamos.
Lara Bonilla sigue vivo en la memoria de todos los huilenses, por lo que hoy tenemos que exigir que su muerte no quede impune.
