Craaack
Por Carlos Tobar
Como rompiendo una cáscara de huevo, el sistema financiero mundial amenaza con romperse en mil pedazos. No acabábamos de salir del sacudón de la crisis griega con todo lo que significó para la alicaída comunidad europea, cuando despuntó, de manera inesperada, el desplome bursátil de las bolsas chinas, que lleva ya varias semanas trasnochando a los brookers e inversionistas de las bolsas de valores del mundo. Como si no fuese suficiente con la ralentización (crecimiento lento) de las economías de los países ricos, las de los países emergentes entraron en barrena. Un comportamiento lógico si se entiende que el modelo de división internacional del trabajo, reserva para estos últimos, la especialización de sus economías en la producción de materias primas (commodities), productos caracterizados por componentes escasos, cuando no nulos, en valor agregado y de baja generación de empleo –por lo general mal remunerado–. Mientras tanto los ricos de los países ricos se reservan la parte jugosa de los negocios, el desarrollo de empresas industriales, agroindustriales y de servicios con altos componentes de valor agregado y empleo abundante y calificado. Además, empresas de carácter multinacional que succionan y depredan trabajo y riquezas naturales en todos los confines de la tierra, que obtienen ganancias fabulosas, que por las regulaciones impuestas no pagan impuestos, mientras a los pueblos asalariados, incluyendo los de sus propios países, les toca asumir las cargas de la construcción y el mantenimiento de sus territorios.
Esa contradicción entre unos pocos parásitos muy ricos y poderosos que han arrodillado a los pueblos del mundo, y que pretenden profundizar esa dominación, es la gran contradicción de los tiempos presentes. La vieja contradicción entre el capital y el trabajo, pero multiplicado a la enésima potencia. Como lo explica, tímidamente, Thomas Piketty en su libro sobre el capital del siglo xxi, hoy el 0.01 por ciento, los ricos del planeta se quedan casi con la mitad del ingreso anual, mientras el 50%, los trabajadores participa con un poco más del 30% del ingreso total anual.
Los desequilibrios que se presentan en las bolsas son la expresión de la guerra especulativa del capital financiero parasitario, por tratar de preservar su tasa de ganancia monopólica. Tasa que se podrá mantener o superar solo sobre la base de negar los derechos a los trabajadores –derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, al esparcimiento, etc., o sobre las ruinas humeantes de sus competidores, incluyendo el destino de pueblos o países enteros; pueblos y países que no están dispuestos a soportar más vejámenes al gran capital parasitario. Los sacudones en los países del norte del África o del medio oriente, o de Europa o en los mismísimos Estados Unidos, o en América Latina, son muestras de la rebeldía que se generaliza y que asume formas cada vez más variadas y de mayor agudeza.
No olvidemos que las crisis económicas son el preludio de guerras de poder. Debemos estar alerta para parar cualquier aventura militar a nuestro nombre: si los grandes patrones de las finanzas o sus lacayos quieren pelear sus guerras, que las hagan con sus hijos no con los nuestros.
