Corrupto
Por Edgar Artunduaga
Que si robó mucho o poquito, que si se enriqueció tanto como dicen (que incluso tiene apartamentos en Miami a nombre de terceros, se especula), el señor Armando Ariza se acaba de graduar de corrupto, sospecha que ya teníamos.
Carlos Peinado, el más valiente de los investigadores y veedores públicos del Huila, se murió diciendo –y denunciando con documentos reales- que Comfamiliar Huila se había convertido, en manos de Ariza, en el mayor foco de corrupción regional.
A Peinado siempre lo tomaron en las más altas esferas de la política local como un loquito que decía toda clase de barrabasadas. Y le dieron la espalda cuando le lanzaron una granada que explotó sobre su vivienda, después de haber denunciado por distintas irregularidades a la alcaldesa Cielo González Villa.
Atrás quedó el humilde muchacho que vendía leche cruda al jarreo en barrios pobres de Neiva, en un jeep Suzuki que le fiaron o cedieron los hermanos Vargas, los hijos de don Osías, que apoyaron su esfuerzo cuando quería estudiar, como lo hizo, administración de empresas, en la Universidad Surcolombiana.
Todos sus esfuerzos fueron coronados con su elección como director administrativo de Comfamiliar y los buenos resultados que comenzaron a verse.
Pero “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, aunque no es del todo cierto. Corrupto se vuelve el que quiere y parece que Ariza no soportó la tentación, viendo al frente y contando tanto dinero, que no tuvo que producir. Le llegaba a borbotones por cuenta de la ley que obliga a pagarle a las cajas de compensación el 4% de lo que devengan empleados públicos y privados.
Esa situación y la laxitud en la vigilancia por parte del Estado terminó haciendo que Ariza cambiara su chaqueta moral y hasta su sonrisa. La foto que lo muestra entrando a la audiencia donde son juzgados sus actos, francamente asusta. No se ve a un hombre apenado, ni atormentado, ni derrumbado por semejante afrenta. Se le ve sonriente.
Tanto poder, ostentación y vanidad, transformaron al muchacho aquél en el hombre soberbio y prepotente que resultó ser con el tiempo, tras 20 años como dictador económico y administrativo de Comfamiliar.
Fue cambiando su conducta y también sus valores, para ser más pragmático. Quizá compró la idea de que “entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero”. O tal vez que “robar no siempre es malo…y, en cambio, ser pobre lo es siempre”. Como leí sobre otro personaje, se hizo un traje exterior de gestos lentos que sugerían una calma del todo ajena a su naturaleza, porque sus reflejos íntimos eran los del animal acosado.
Es posible que haya sido buen administrador, un maestro para los negocios, que haya enriquecido a muchos (y que él también se haya convertido en un potentado, ostentoso y humillante) pero “la ira patriótica” que hoy tiene el Huila echa por tierra sus buenas acciones.
Al margen de los procesos jurídicos, el debate sobre corrupción regional apenas se abre. Igual que otro muy interesante, la sumisión y el maridaje de la prensa con quienes ostentan el poder. Un negociante perspicaz, abriría de un inmediato un almacén de rodilleras.
