Conéctate con los de adentro
Froilán Casas
Nunca como ahora el hombre tiene tanta posibilidad de comunicación, hasta el punto que el novelista norteamericano Alvin Toffler nos dijera que el mundo “se ha vuelto una aldea global”. Las modernas TICs nos llevan en fracción de segundos allende los mares sin problema alguno. Pero, ¡qué ironía! Nunca como ahora el hombre sufre una cruda soledad. Este es uno de los mayores flagelos que padece la humanidad. La cultura de hoy nos enseña a meternos en una bola de cristal a hacer su mundo. En los hogares de cierto nivel económico pero con un terrible subdesarrollo mental, cada persona, cada chico vive su mundo: su propio “Ipat”, “Iphone”, su habitación con televisor personal; ya al niño de tres años, los padres lo complacen para que sean gente “in”, comprándoles su personal e individual teléfono móvil. Claro, -si no el niño se frustra, dirían unos sicólogos desenfocados-. Ahora en cada hogar, en cada empresa, cada uno vive su mundo. La cultura jurídica dominante es la de tutelar los derechos individuales, los colectivos se fueron al cuarto de San Alejo, -las consecuencias ya se están viendo-. Sí, vivimos conectados con el mundo exterior: muchos “chats”, muchos “whatsapp”, y los de casa ni se mencionan. No hay espacio para compartir la vida de familia. Ya los niños no saben quiénes son sus primos, sus abuelos, sus tíos, sus parientes. ¡Ah! Pero viven al día en todo lo que ocurre fuera. El colmo, llegar a perder la privacidad en actos tan íntimos como el uso de los baños y sanitarios pues ni allí se desprenden de sus “amiguitos” y “compinches”. Se está llegando a la peor deshumanización, tú no cuentas, tú eres un código de barras, tú no eres tú, eres una serie. Por eso en países llamados altamente desarrollados, el índice de suicidios vive en aumento. Alguna vez un periodista de la BBC de Londres le preguntó a la Madre Teresa de Calcuta: -Madre, ¿cuál es el mayor problema del hombre moderno? Ella sin titubear respondió: -la soledad. Hay gente que vive en un mundo de ruido y vive sola, -tal vez busca el ruido como huyendo de su propia vacío espiritual-. La gente va por la calle como autómata, conectados a sus audífonos vive su mundo, su alrededor le importa un rábano. Puede haber muertos, atropellos, robos, enfermos, les importa un pepino. Vive tu mundo y morirás solo en la más cruel soledad. No olvides que lo que tú siembras, eso cosechas. Las tertulias en el hogar parecen costumbres del pasado. La palabra hogar es preciosa, viene de ‘focum’ = hogar-chimenea. Sí, en los países que tienen estaciones, en la estación invernal, era común encender la chimenea y al ardor de la leña, la familia sentía el abrigo del calor físico y a la par del calor humano. Allí se compartían los momentos más hermosos del día. Decían los latinos: “Oh tempora, oh mores” = “Oh tiempos, oh costumbres”; todo esto queda ya fosilizado en la noche de los tiempos. Hoy se debe estar “on line” para no salir del mercado de la supervivencia. Olvidaba algo: -no olvides llevar tu celular a la oficina-.
