Contratos a la medida
De la corrupción claro, confeccionados por los sastres de la corrupción en departamentos y municipios,
que son gobernadores y alcaldes, que adjudican los contratos a un solo oferente previamente convenido producto de patrañas contractuales pro domo súa, que generan por supuesto obras públicas de pésima calidad, si es que las hacen cuando les alcanza lo que queda de la corruptela contractual. Eso fue lo que dijo por ser verdad sabida, Juan Martín Caicedo Ferrer en el Congreso Nacional de Infraestructura en Cartagena.
Y dijo más en materia de contratación regional sin posibilidad de control porque ese es el dañado alimento para el ejercicio de la política. Que es urgente y necesaria la estructuración en materia de contratación regional de vías con contratos tipo controlados por el Gobierno nacional, porque más del 50% de los contratos en aplicación de una podrida autonomía regional están siendo manipulados con requisitos hechos a la medida del cáncer de la corrupción que amenaza con hacer metástasis en todo el cuerpo nacional.
Razón plena tiene Caicedo Ferrer. En lo único que se equivoca, es que el cáncer no amenaza con hacer metástasis, sino que tiene invadido todas las regiones desde hace mucho rato, como sistema normal de enriquecimiento ilícito y ejercicio de la política. No hay ingeniero que pueda sobrevivir sin meterse a este carrusel de la corrupción. Los gobernantes corruptos no tienen siquiera que pedir coima por la contratación espuria, pues esta se considera comisión de norma bajo el sigilo mafioso que les permite a los ingenieros seguir contratando, y a aquellos liberar su cochina conciencia de no haber pedido el sedimento del crimen.
Aquí en nuestro departamento tuve oportunidad de conocer sin posibilidad de denuncia por ese sigilo mafioso, no en este gobierno aclaro, que a un ingeniero le habían “adjudicado” un contrato por $1000 millones de pesos, y había tenido que entregar a un pariente del gobernante a quien se le había adscrito como feudo la entidad contratante, una coima de 300 millones, o sea el 30% del contrato, que llevó al ingeniero a no poder cumplir y a que le declararan la caducidad del contrato por la imposibilidad de ejecutarlo quedando inhabilitado para contratar producto de la maldita corrupción de que habla estérilmente Caicedo Ferrer.
Y digo estérilmente, porque no será posible controlar este cáncer, en primer lugar porque es un modus vivendi aceptado en nuestro medio por las partes corrompidas que intervienen en la contratación; que a su vez hacen parte del engranaje de cloaca de la política nacional para sostenerla y financiarla. Y en segundo lugar, porque precisamente por esa malsana razón no habrá órgano de control nacional que frene la corruptela en materia de contratación regional, cuando todo el sistema se encuentra pervertido para el ejercicio de la política.
Escolio. Agradezco a monseñor Froilán Casas su generosa referencia al suscrito con motivo de la encuesta de líderes de opinión de Cifras y Conceptos, replicando sus palabras para él como columnista de corte humanista y franco desprovisto de fanatismo religioso, que ha concitado el favor de los lectores huilenses.
