Consenso y disenso
Ernesto Cabrera Tejada
Quizás sea ingenuo suponer que todos dicen la verdad. El “escándalo” -cuyo significado original es "saltar" o "tropezar". Ocurre cuando el caminante tropieza con una piedra que no debiera haber estado allí. Por eso se lo traduce también con las palabras "trampa" o "celada". La inesperada novedad que escandaliza resulta de algún mal ejemplo.
Cuando una persona que debiera ofrecer una elevada conducta hace lo contrario, escandaliza a los que la están mirando. Tomemos por caso el comportamiento "escandaloso" de la periodista Vicky Dávila. – Menciono el caso sólo para ilustrar el concepto del escándalo y no, por cierto, para subirla al patíbulo por la escala de la hipocresía.
Los medios son cada vez menos fiables porque sus periodistas hacen parte del escándalo, y pretenden desconocer el hecho evidente de que crecemos en una desastrosa espiral de escándalos que nos conduce a la penosa realidad social que tenemos. Allí la prensa ha perdido su estado de reflexión, equilibrio e intermediación informativa.
Las voces de la prensa razonan en consenso y disenso; si deben silenciarse por el derecho a la intimidad y dejar que se desconozcan asuntos de riesgo social, o si se viola ese derecho en aras de la protección social. Ni lo uno ni lo otro, el periodista no debe autocensurarse pero si proteger la intimidad ajena, los medios no se pueden convertir en juzgados de instrucción, deben aportar información a quien la solicite sin perder su carácter informativo pero sin hacer de ello un acto sensacionalista y mucho menos un proceso con pretensiones de acabar con alguien.
La independencia de un medio pende más de la autonomía de su director y de sus periodistas, que la del medio. Ello se logra con dignidad, haciéndose respetable, trabajando en la obligación de divulgar, informar correcta, oportuna y verazmente. Pero con imparcialidad.
Aquí se informa, se juzga y se condena y eso es execrable. Deben los periodistas y los medios en casos de escándalos saber que tienen la mejor y más poderosa herramienta de su gestión, el poder de la opinión pública. Pero si la prensa y sus periodistas están inclusos en los escándalos, ¿cómo apelar a ella?
