domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-21 10:37

Connotación moderna: el hombre celebra el mal

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | septiembre 21 de 2016

El hombre desde su irrupción en el planeta, lamentablemente, ha hecho el mal moral. El hombre es un ser paradoxal, afirma sin vacilar el amor al bien; sin embargo, hace el mal. Habla de paz y a la par, hace la guerra. ¡Qué contradicción! Entonces, ¿cuál es el sello del mal moral hoy? El hombre celebra el mal. Es un ser desvergonzado, es un ser cínico: llama al mal bien y al bien mal. ¡Qué descaro! Ser honrado hoy no es un honor, es ser tonto, bobo, es no saber aprovechar las “oportunidades” que se presentan. Pasar por un cargo del sector público o del sector privado y no “aprovechar el cuarto de hora”, es ser el más estúpido del mundo. Hoy se ha insertado en el colectivo cultural: el vivo vive del bobo. No hay que dar papaya, pero se debe aprovechar toda la que brinden. La legislación nuestra es bastante precisa en el combate a la inmoralidad pública. Las leyes de contratación pública, a saber: Ley 80 y 1150 con sus respectivos decretos reglamentarios, convencerían al lector de contar con un país como caído del cielo. Vamos a la realidad y encontramos un panorama totalmente distinto. Vea, amigo lector, si hubiese honestidad en las ejecuciones presupuestales, sobre todo del sector público, no necesitaríamos ninguna otra reforma tributaria. Todo gobierno se inventa cualquier excusa para seguir agobiando a los colombianos con nuevos impuestos y la paz no llega. No sé cuándo va a estallar tanta arbitrariedad. La cascada de impuestos no se traduce en buenas vías, buenos hospitales, buenas instituciones educativas, etc., etc. El robo ha hecho carrera en el imaginario cultural: hacer dinero a toda costa. Si hay que engañar a la mamá, pues engañémosla. La voracidad por la riqueza fácil llega al “delirium tremens”. Hay tanta inmundicia en los negocios y transacciones comerciales que, excúseme mi Dios, le doy gracias a Dios porque existe el infierno. Es imposible que no haya justicia. Se explota al indefenso de la manera más olímpica y, a la par, se predica honestidad. En muchos no existe conciencia moral. Le doy gracias a Dios porque existe la enfermedad y la muerte, parece que son a las únicas a las que le teme el cínico y las tiene que padecer tarde o temprano. Ningún dinero, ni poder alcanzan para evitarlas. A veces, le doy gracias a Dios que peleen los grandes de este mundo, muchos de ellos manchados con la inmoralidad, en su lucha por el poder, mienten, engañan y cometen toda serie de atrocidades afectándose ellos mismos. Es como cuando la víctima indefensa por el robo, el asesinato, la tortura, la explotación inmisericorde, ve que esos especímenes de la maldad se matan entre sí por los malos repartos producto de sus crueldades. El único que le hace frente a ese malvado es otro malvado de su mismo talante, que le dé su merecido. Los malos y poderosos de este mundo se hacen “justicia”. Al fin y al cabo, reciben el mismo “jarabe” que dieron a los demás cuando disfrutaban el poder. Resultan víctimas de su propio invento.