Condominio
Orlando Parga Rivas
Las primeras comunidades cristianas todo lo tenían en común, como nos lo narra detalladamente el apóstol Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Vivian en koinonias o pequeñas sociedades cuyos integrantes trabajaban por todos y tenían como precepto el apoyo y la asistencia mutual lo mismo que el valor de la fraternidad.
La base del español es el latín, del cual proviene la palabra condominio, que derivó del término condominium, compuesto éste por la unión del vocablo “con”, que hace referencia a unión o correlación, y dominium, que significa propiedad para el uso, disfrute y goce. En resumen, todo era en común entre ellos.
Repasando la historia de la humanidad encontramos que abundan los casos de seres humanos extraordinarios que dedicaron su vida con total abandono, desinterés y desprendimiento a trabajar denodadamente por el prójimo y ponían todo lo suyo al servicio y beneficio de los demás. Así era el mandato de la primera comunidad cristiana.
Personas que con altruismo, generosidad y desinterés fueron o son voluntarios en cárceles, ancianatos, orfelinatos, campamentos y hospitales asistiendo a personas caídas en desgracias o desamparados, convirtiéndose así en ejemplo de filantropía y ganándose el alto reconocimiento y valoración entre la sociedad por el servicio prestado a los más necesitados.
El mensaje que nos dejan es que debemos trabajar juntos - procurar unidad- sin importar las diferencias étnicas, de color de piel, ideología, religión o estrato social. De modo que no busquemos fragmentar ni parcelar con nuestra actitud la cuadra, el barrio, la ciudad, la región y el país. La unidad se desintegra cuando ponemos acento y afán en nuestra avaricia. Con fervor debemos buscar la unión en torno a lo que nos dignifica.
Hace dos mil años, el apóstol de los gentiles, Pablo de Tarso pidió a los pobladores de Corintio que vencieran sus discrepancias y diferencias, que se liberarán de la división y “que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10). De esta manera debemos vencer el egoísmo, el individualismo y hasta la egolatría, actitudes que solo traen como resultado lo opuesto de condominio, que sería la parcelación.
Somos tan solo administradores de los bienes terrenales y no sus poseedores, o cuando se ha visto un desfile fúnebre con trasteo incluido. En una de las cartas apostólicas 1 Corintios 12:26, dice que si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren con él; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás toman parte de su alegría.
El Padre Rafael García Herreros, un sacerdote católico, fue modelo de trabajo por los demás. El tele padre, como lo llamaron, desde su programa El Minuto de Dios invitó a los colombianos a la solidaridad y a la construcción de miles de viviendas para las personas más necesitadas. A lo largo de su vida García Herreros siempre tuvo presente la promoción del Ser Humano. Buscó la fórmula para que cientos de familias recibieran los beneficios que entregaba a diario. El sacerdote murió hace 25 años pero sus sucesores continúan su obra y legado con similar esmero, dedicación y entrega al servicio de los más necesitados.
Siendo fiel a lo escrito en los Hechos de los Apóstoles 4:32, el Padre Rafael García Herreros continuamente manifestaba que todo lo que poseía era para el servicio y lo consideraba como un bien común con los demás, siempre dispuesto y diligente para socorrer al necesitado. “Cuando digo que Dios es pobre, quiero decir lo siguiente: pobre es el que reparte, el que acoge a los demás, el que se solidariza, el que se siente incapaz de ser feliz por sí mismo”, Padre Rafael García Herreros.
Los constructores moderno han formado grandes edificaciones que se llaman condominios en donde el disfrute del ocio y que sirve para el encuentro esta para el bien común: piscinas, gimnasios.
