Condenados, privilegiados e impedimentos
Jaime Horta Díaz
La graduación como abogados de reclusos que pagan sus condenas en cárceles o en su domicilio llama la atención por muchos aspectos. Buenos, regulares y malos.
Bueno que los delincuentes puedan tener oportunidades reales de resocialización e integración a la sociedad, aunque las cárceles y especialmente las colombianas son establecimientos de corrupción. Muchos siguen deliquiendo. Los que se rehabilitan se pueden contar con los dedos de la mano
Bueno también que puedan utilizar ese tiempo libre para trabajar o estudiar. Y aquí viene el pero.. para no hablar de abogados, personas condenadas por delitos de falsedad, graduarse de contador, que pueden dar fé pública? Las condenas llevan muchas veces la prohibición o ínterdicción para ejercer una profesión..
Presos privilegiados: Mucha razón tienen las personas –para no decir a oficiales, suboficiales o cadetes- que se oponen a la presencia de condenados por delitos comunes en sus instalaciones. Deberían ir a cárceles comunes.
De verdad, qué hace un delincuente en instalaciones de formación como las escuelas de cadetes o batallones o casinos militares? De verdad no quisiera estar en esas tertulias: el dictador, supuestos presos políticos, víctimas del Fiscal y otras sandeces. Aclaro que no me refiero a Sabas Pretelt ni a Emilio Tapias, éste último denominado el zar de la corrupción en el carrusel de la contrataciión, o algo así.
Impedimentos: Los mismos impedimentos alegados en su oportunidad para no desempeñar el cargo de ministro, ¿inhabilitan para ser Fiscal? ¿Si o no?
