jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-03-09 06:41

Con Tirofijo cruzó senderos, llegando al pato y al guayabero

Por Dilberto Trujillo Dussán

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 09 de 2015

Todavía recuerdo cuando estudiaba en la escuela, que en la contraportada de los cuadernos estaban las canciones de Jorge Villamil y algunos poemas de José Eustasio Rivera y que los profesores de la época nos enseñaban las letras y nos hacían cantar sus canciones.

Canciones como El Barcino, Los Guaduales, Me llevaras en ti, entre otras, hacen parte de  la riqueza musical de éste personaje huilense que supo recoger en sus letras parte de nuestra historia y de los relatos de los campesinos y recolectores de café.

Jorge Villamil necesita más que un museo, necesita más que una escultura, lo que él necesita es que no se olvide como se han olvidado otros grandes huilenses como Toribio Zapata, José Eustasio Rivera, el Fusilado de Tibacuy, el Cacique Timanco y su madre La Gaitana o Cándido Leguízamo o muchos personajes que hacen parte de nuestra historia local y que con una perversa intención los hemos ido dejando en los cajones del olvido.

Estoy casi seguro que si a alguno de nuestros jóvenes le pidiéramos que cantara una canción de Villamil lo primero que preguntaría es, ¿quién es ese señor?, o si les demandáramos que reciten Los Potros tal vez digan “que hartera” y si les dijéramos ¿quién fue Cándido Leguízamo o La Gaitana?, tal vez digan que son dos barrios, donde en uno viven los pobres y en el otro los ricos.

Hoy lo que necesitamos es que podamos recordar el papel que cada uno de éstos personajes jugó en nuestra historia local, nosotros no podemos ser un pueblo sin historia es decir sin memoria; nuestra región se construyó a partir del desplazamiento de campesinos pobres que buscaban oportunidades y también de la resistencia de nuestros pueblos indígenas ante la invasión española.

Jorge Villamil hace parte de nuestra historia y debe hacer parte también de nuestra memoria colectiva, sus aportes deben ser reconocidos y enseñados por todos.

Hoy sería motivo de vergüenza para nuestros jóvenes que siquiera les insinuaran aprenderse una canción de Jorge Villamil o estudiar a José Eustasio Rivera o hacerle un homenaje al mestizo Toribio Zapata.

El primer paso para la alienación es hacernos olvidar lo que somos como pueblo y hacernos creer lo que no somos, claro que en eso han ayudado bastante los dirigentes de nuestro país.

Borrar del consciente colectivo su memoria histórica juega un papel importante en la dominación de las élites, hacernos creer que gracias a ellos tenemos “el desarrollo” y que debemos vivir agradecidos por lo que nos dan.

Por eso hoy debe ser un imperativo recordar a Villamil, entre otros, y recuperar sus aportes en la paz y en la cultura.