viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-10-15 08:08

Con protección presidencial

La presencia del capo de las Farc en La Habana está lejos de ser explicada con suficiencia, por mucho que el Presidente trate de despachar el asunto sosteniendo que es “normal” y “parte del proceso”.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | octubre 15 de 2014

Empecemos por resaltar que al paso que vamos en Cuba terminarán todo el secretariado y el estado mayor de las Farc. A los treinta miembros del equipo de negociación se sumaron hace unas semanas diez guerrilleros, entre ellos Pastor Alape, dizque para compensar la presencia de los militares que en un acto inoportuno y apresurado llevó el Gobierno a la isla. Con ello se hace sumamente difícil golpear militarmente a la cúpula del grupo terrorista. Y se le dan unas ventajas adicionales enormes: además del descanso y la recuperación de sus mandos, les permite planear y dirigir en conjunto y sin riesgos y desarrollar actividades políticas y de relacionamiento con gobiernos, organizaciones y personas que les pueden ser afines, sin que el Estado tenga siquiera capacidad de enterarse y bajo la mirada cómplice de Fidel y compañía. En paralelo, los problemas de comunicación que tuvieron como resultado de las infiltraciones e interceptaciones de la Fuerza Pública han quedado superados. Más aun, desarrollan actividades de propaganda sin ningún obstáculo. ¿Cómo tolera el gobierno que Cuba les permita el desarrollo de canales de TV?

Lo de Timochenko es aún más grave. Si es verdad que no se suspendieron órdenes de captura porque el capo no estaba en Colombia y si es cierto como dice Santos que él mismo avaló su presencia, dos veces, en La Habana, ¿entonces dónde estaba el guerrillero? Nadie lo duda: en Venezuela. Está claro entonces que Santos permite que el capo dirija a la organización terrorista desde territorio vecino (una flagrante violación al derecho internacional y una agresión contra Colombia) y que no solo calla y no reclama al gobierno de Maduro, sino que de la omisión se ha pasado a la acción al avalar el hecho. Y le hace aún más difícil la tarea a la Fuerza Pública. Al menos para Santos, lo de diálogo en La Habana y confrontación por fuera es puro “bla, bla, bla”.

Por mucho que diga que “aquí no se ha bajado la guardia ni un solo milímetro”, producir resultados militares sustantivos es imposible cuando la cúpula se encuentra fuera del alcance de la Fuerza Pública (con su aval, Santos protege a Timochenko) y cuando se está repitiendo el sonsonete, aunque no sea cierto, de que la paz “está de un cacho”. Vaya y explíquele a un soldado que debe ser el último muerto de una guerra que, según el presidente, está a punto de acabarse. Y cuando sabe que el Gobierno quiere que los guerrilleros no paguen por sus crímenes y acaben en el Congreso porque “es mejor tenerlos ahí que echando bala”.

Para rematar, la justificación que da es espantosa: “¿Por qué lo autoricé? Y así como mis negociadores tienen que ir al Palacio de Nariño a consultarme (…), la contraparte también tiene que consultar sus decisiones”. Pues no, señor presidente, las Farc no son el Gobierno y Timochenko no es usted, por mucho esfuerzo que hayan hecho en tratar de igualar al grupo terrorista con el Estado colombiano. Además, la excusa es falsa: los guerrilleros salen y entran a su antojo de Cuba y pueden reunirse sin ningún problema con su capo en Venezuela. Es más, lo han hecho.

Finalmente, aunque el Gobierno diga que la autorización se hizo “en el marco de la ley”, ¿cuál fue la norma que usaron? La ley 1421 de 2010, última prórroga con modificaciones de la ley 418 del 97, con base en la cual se han hecho todos los diálogos desde entonces, no autoriza en ninguna parte la decisión presidencial.