Con o sin Nobel, se necesita la paz
José Eliseo Baicué Peña
Que el presidente Santos haya ganado el premio Nobel de la Paz es un positivo indicador de que Colombia es foco de las miradas internacionales en estos momentos. Y eso está bien.
Desde ayer todos los comentarios, opiniones, saludos y felicitaciones están encaminados hacia el presidente. Los del sí y los del no, tal vez, ahora unidos por una misma causa. Inclusive, creo, quienes no votaron el domingo anterior el plebiscito, también están contentos con este galardón. Es decir, toda Colombia. Pues al fin y al cabo, aunque el premio tiene nombre, es un estímulo, un bálsamo que enjuaga los crímenes, la barbarie, la guerra fratricida, la impunidad, el terrorismo y el narcotráfico del último medio siglo en nuestro país. El Nobel de la Paz no lo merecemos todos los colombianos.
Claro, que aunque no se hubiera dado este galardón en estos días tan críticos de la política nacional, también es evidente que se necesita la paz. Urge la paz.
Ojalá, el estímulo contribuya a que la clase política, el gobierno, las Farc, los jóvenes, la academia, los gremios y todas las demás fuerzas del país aporten decididamente a la culminación de este conflicto con ese grupo guerrillero, y a pasar la página. A culminar esa fatídica historia que manchó, atemorizó y dañó a más de cinco generaciones de ciudadanos. Ya es hora de tachar y de decir, al mejor estilo de William Vinasco Ch., No va más. Señores de las Farc, no van más.
Dejemos atrás las rencillas, los odios. Que no prosperen las iniciativas de volver a hacer elecciones en algunas poblaciones, como lo plantea un dirigente nacional; que no nos desgastemos en escudriñar quiénes subsidiaron el NO, y quiénes el SÍ. Ahora no pensemos en quién ganará las próximas elecciones presidenciales. Ahora no perdamos tiempo en colores políticos ni en ideologías mezquinas salidas de tono que buscan enarbolar acciones de cualquier índole, tal vez, con la intención de pescar en río revuelto.
Señor ministro de Hacienda, no más reformas tributarias. Con todas esas alzas, aunque se firmen y refrenden los acuerdos, no será posible la paz. No entiendo, cómo es posible que mientras el país entero está tratando de protocolizar unos acuerdos y pasar la página de terror con el grupo insurgente, usted esté alistando más impuestos para el despavorido pueblo colombiano.
Con o sin Nobel, es preciso entender que Colombia necesita la paz.
Esto tiene que tener más peso que cualquier otro proyecto nacional. La paz debe ser un proyecto nacional.
La paz, o el desarme de las Farc, debe darse cuanto antes. Es una necesidad que Colombia pide a gritos. Y de esa Colombia, los niños y los jóvenes reclaman un mejor hábitat, un ambiente de alegría y bienestar. Necesitan cambiar sus caras de angustia y temor, por expresiones de encanto, por rostros donde los ojos brillen y alumbren sus sonrisas francas, libres y felices.
Propongo desde esta columna, que Colombia entera se vista toda de color blanco. Un día determinado y en una hora señalada. Una propuesta que podría llamarse COLOMBIA BLANCA.
Bienvenido el Nobel de la Paz para Colombia. Hagamos que sea un impulso para alcanzar lo que tanto queremos desde que nacimos: la paz.
Es preciso hacer todos los esfuerzos que sean posibles, pues como como decía Gandhi, No hay caminos para la paz, la paz es el camino.
