Con clase y con carácter
Lamentablemente algunos, sin pudor alguno, se empeñen en exagerar las bondades de su candidato o grupo político preferido, callando los recientes exabruptos por todos conocidos protagonizados por quienes orientan y representan las dos campañas que lideran el favoritismo en las encuestas.
Es altiva la voz que en círculos sociales, corrillos y en todos los medios escritos, televisivos y virtuales clama para el pueblo colombiano propuestas y controversias de altura presidencial. Pero todo lo contrario se ha visto. Estos debates de ahora no superan siquiera una discusión de bachilleres para ganar la representación de la Personería estudiantil.
Cuando no hay una confrontación seria asoman los ejemplos vergonzosos que a las puertas del cierre de la campaña han evaporado los valores elementales de la verdad, el decoro, el respeto y la tolerancia que debe ostentar todo ciudadano que aspire a ser servidor público. Hay un relativismo ético que lleva a los descarados contrincantes a exigirle a la justicia sus propios fiscales; a acusar dilatando la presentación de las pruebas; a no saber distinguir entre reuniones clandestinas y encuentros a la luz de todos; a no diferenciar entre un asesor de imagen y un chuzador de privacidades; a equiparar un “asesor espiritual” (?) con un maquillador de imagen.
Pero ni candidatos, ni celestinos, ni nadie que se estime un poco deciden renunciar por decoro, por no faltar a sus principios. Al contrario, todos atizan para levantar cortinas de humo o se injurian a gritos para callar verdades.
La política necesita de una seria regeneración para que de veras haya una clase política “con clase”. Teniendo tantos viejos temas desatendidos como el Agro, la Justicia, la Salud, la Educación o nuevos por atender como el post conflicto, causa desazón ver como en esta lucha electoral haya perdido solidez lo fundamental, las razones de peso que deben movernos para ir a las urnas este próximo domingo. Unos y otros se mueven cual marionetas o como veletas, hacia donde soplen mejor los vaticinios, hacia donde huela mejor la repartija, las mieles del poder, las propias conveniencias.
Se están acabando los políticos de palabra, de carácter, con correa, que se amarran bien sus pantalones para sostener sus tesis con argumentos y no con componendas. Pues bien, ojalá los ciudadanos tengamos también el carácter de votar por esos pocos que quedan, antes que tanta inmoralidad termine por acabar con todo.
