Comentarios de Gustández: El circo de los inhumanos
Por Gustavo Hernández Arbeláez
El colombiano es un pueblo de fiestas y de celebraciones que bien pudiera ocupar todos los 365 días del año recorriendo de cabo a rabo la geografía nacional y participando de todos los festivales, ferias, concursos y reinados posibles con los cuales se mitigan, se disfrazan o se envolatan las penas, los malos recuerdos y los sobresaltos anímicos que nos ha dejado la violencia sexagenaria. Somos un pueblo rumbero y peleonero a la vez que tal como nos preparamos para el baile también nos alistamos para la guerra y el lamento, arrastrando en nuestra idiosincrasia curiosas combinaciones de entretención y barbarismo en donde aparecen los animales como objetos predilectos de maltrato físico para la diversión y el deleite de los irracionales humanos.
No acabábamos de recuperarnos del espeluznante linchamiento de un toro que el pasado diciembre en Turbaco, Bolívar, murió por los golpes y puñaladas de una turba humana enceguecida, cuando se presenta en el municipio sucreño de Buenavista, el descuartizamiento de un caballo que quedó agonizante después de ser embestido por un toro, mientras unas 30 personas celebraban. En ambos casos, los mandatarios locales sólo manifestaron que tales episodios hacen parte de la tradición y “cultura” del pueblo, cerrando las posibilidades de desmontar estas prácticas de sevicia, dolor y sangre.
El mismo circo de maltrato, herida y muerte que se presencia desde los tablados de una corraleja, se observa desde las cómodas graderías de una plaza de toros, pues la elegancia de los aficionados, los trajes de luces, la presencia de los dueños de la gran prensa, las caras de los famosos y el toque de los paso dobles no pueden suavizar la faena del maltrato y muerte de animales indefensos. Si hiciéramos el inventario de los damnificados de nuestros excesos festivos sería larga la lista de semovientes y aves crudamente asesinados o torturados en corridas de toros, coleos, corralejas, cabalgatas, peleas y descabezada de gallos, etc.
Siendo supuestamente superiores, nos faltó inteligencia y consideración, pues el maltrato animal es una antesala de la violencia social, dado que también se ensaña en los seres más débiles que se estresan, sudan y gimen cuando son la presa, el azote, el blanco y el hazme reír del espectáculo en los circos inhumanos donde la gran masa espectadora de adultos, a punta de licor y desenfrenos, aplaudimos la insensatez y el abuso del animal más “animal” de todos: el hombre.
