Comentarios de Gustández: Ahora que andamos de compras…
Por Gustavo A. Hernández Arbeláez
Seguramente la lógica del imperio de la globalización neoliberal que favorece el intercambio sin límites y sin consideración de información, mercancía y dinero nos haga creer absurdamente que es mucho más sencillo y económico situar una nave tripulada en el planeta Marte que calmar el hambre africana o la miseria en Haití. Es un poder acaparador y materialista que reclama nuestra reacción por la defensa de nuestra autonomía y de nuestros sagrados valores humanos para resistirnos en el derecho a un consumo racional y respetuoso de la naturaleza, así como a una vida libre y saludable que promueva la defensa por los menos favorecidos.
Tenemos que negarnos a llevar un estilo de vida consumista que en el fondo nos hace dependientes y nos quita el gozo del bienestar que sólo radica en el uso razonado, selectivo y mesurado de los bienes y servicios. Hay que comenzar por saber ‘digerir’ y capotear los vientos encantados y subliminales de la publicidad, la moda y la panacea de los brebajes y ungüentos “cura todo” del momento, tras los cuales se esconde el crecimiento desmedido de empresas multinacionales.
Bajo la consigna de que la economía debe estar al servicio del hombre y no al contrario, se debe preferir comprarle a empresas que en sus procesos de producción eliminen o procuren reducir al máximo la mano especuladora de los intermediarios; que prioricen objetivos sociales de inserción laboral de marginados o incapacitados; que abanderen o promuevan el trabajo asociado; y que lideren o auspicien, por ejemplo, campañas ecológicas, de educación y solidaridad, así como proyectos bio-saludables.
Si además, una lección elemental capitalista nos indica que en economía “nada es regalado” y si el adagio popular nos recuerda que “lo barato sale caro”, es recomendable revisar bien la calidad, el contenido y la fecha de expiración de los productos que se nos brindan en las promociones con el atractivo “lleve uno y pague dos”.
Por otra parte, como está en boga regalar artículos digitales, se venden menos libros o juegos que incentiven la reflexión, la locomoción y la creatividad, lo que confirma la tendencia de adquirir más “cosas” para poner, portar y untamos, que bienes para el adecuado crecimiento y desarrollo de la personalidad.
Y en fin, si frente a la propaganda no examinamos el mensaje del comercial con un “pienso, luego existo”, terminamos algunas veces diciéndonos a nosotros mismos “compro, luego soy”.
