Comentarios de Gustandez: ¡Gracias!
Por Gustavo Hernández Arbeláez
Por razones de compromisos académicos que ya no debo postergar más, he decido dejar mis escritos semanales que los directivos de esta Casa Editorial me permitieron publicar en este espacio de cada martes entre comentarios acerca de aspectos variados del acontecer regional y nacional, así como sobre reflexiones alrededor de la defensa de valores humanos y cristianos considerados por mí como esenciales para la sana convivencia social.
Muy a mi pesar suspendo este positivo ejercicio sobre todo por el beneficio que para mí significó el intentar opinar con la mayor coherencia, hilaridad y ánimo constructivo posible, buscando ayudar a despertar conciencia y discrepar si es preciso, pero sin ofender, ni lastimar a nadie. Si este propósito a la luz de algunos lectores no se dio, pido sinceramente, de todo corazón, que me disculpen.
Agradezco la confianza que me brindó mi cordial amigo Germán Hernández quien estando al frente de la redacción de este Diario me abrió nuevamente las puertas de esta página para darle cabida a mis aportes los que nunca tuvieron de su parte, ni de nadie, la verdad sea dicha, sugerencias de peros, salvedades o modificaciones de forma ni mucho menos de fondo y contenido. Mis reconocimientos a quienes desde su vital tarea de diagramación atendieron con diligente paciencia mis solicitudes de correcciones y ajustes posteriores.
Compartir este medio de expresión con columnistas aventajados por su capacidad profesional, su conocimiento de país y de región, su profundidad analítica y su agudeza intelectual, es un honor que me tocó por suerte y que me mantuvo en la certeza de que es mucho lo que aún me falta por aprender y conocer. Me complació ver cómo entre las distintas manifestaciones y puntos de vista tan contrarios y hasta irreconciliables, se respira el don de gentes, el respeto y la tolerancia altiva. Eso lastimosamente me parece que no se dio en sólo dos colaboradores que en algunos desafortunados comentarios se ensañan a veces en atropellar la creencia, honra y la dignidad humana de las personas, descuidando su fin sagrado de ser orientadores de la opinión pública.
A los amigos que me regalaron sus observaciones, sus críticas y sus incentivos afectuosos, les quedo muy agradecidos porque estos fueron unos de mis mejores alicientes.
De todas maneras, a quienes me leyeron con gusto, con atención o sin interés alguno, también les doy mis gracias.
