Comentarios de Gustández: Un alto en el camino
Por Gustavo Hernández Arbeláez
He visto a muchos conductores, esperando ansiosos en un semáforo, como en competencia, para salir raudos, como si se les acabara el tiempo, o pegados de la bocina queriendo apurar la fila de carros y motos antes de que la señal les de el permiso para arrancar de nuevo. Manejando por carretera me han sobrepasado otros viajeros que por la alta velocidad de sus vehículos parecería que tuvieran una urgencia impostergable; y a la vuelta de unos minutos los he visto estacionados a la vera del camino “pellizcando antojos”
Conozco oficinas donde al jefe de turno le encanta citar a comités fuera del horario habitual, así toque almorzar o comer encima de los escritorios porque “el tiempo no da espera” He observado familias que se reúnen alrededor de una mesa de restaurante para almorzar precisamente frente a un televisor para no despegarse de las noticias del día o del programa de moda en el que terminan “matando el tiempo” de su integración familiar. Y empiezo a ver reuniones silenciosas de jóvenes y aún de niños (!?) porque a cada uno de ellos “se le va el tiempo” ensimismado con su celular o tableta en su mundo digital.
Ya ni siquiera se dan espacios (al menos unos valiosos minutos) para el silencio y la interiorización individual en las eucaristías, porque nos parece que mientras no intervenga el sacerdote hay que cantar y aplaudir como si no hubiera otras formas más serenas y personales de comunicarnos con Dios.
Estamos asistiendo a una carrera cotidiana del afán sin sentido para ganar tiempo o para no perderlo. Y en ese corre - corre olvidamos la conveniencia de estar en reposo, de tomarnos un espacio a solas para revisar el estado, ritmo y rumbo de nuestra existencia; y para evaluar qué tanto necesitamos de sentirnos realmente vivos, conscientes y libres para renunciar a seguir esa loca competencia de materialismo salvaje por el tener, el placer y el poder.
Y para ayudar a desprendernos de esos apegos desmedidos, son oportunos los caminos espirituales a que nos invitan movimientos apostólicos como Emaús, Lazos de Amor Mariano, Encuentro Matrimonial, Equipos de Nuestra Señora y otros que brindan fines de semana a los que acuden centenares de personas que deciden apartarse de su barullo cotidiano para recogerse en un encuentro con el Creador y salir renovados con paz en su corazón, tranquilidad en su conciencia y serenidad en su alma.
La vida es corta y el tiempo se nos agota. Es bueno hacer un alto en el camino.
