Comentarios de Gustández: Las otras abstinencias
Por Gustavo Hernández Arbeláez
La próxima semana, con el triduo pascual, es decir, los días jueves, viernes y sábado santos, el mundo católico culmina su camino cuaresmal que desde el Miércoles de Ceniza conlleva cuarenta días de preparación para la fiesta de pascua. La cuaresma, que nos acerca al Cristo tentado en el desierto y la Semana Santa que nos recuerda su pasión, muerte y resurrección, nos invitan a tener la disposición interior y la práctica penitencial con gestos sinceros de ayuno, de oración y de ofrenda.
Pero esas actitudes de ayuno y abstinencia que la Iglesia nos pide no consisten en meros sacrificios estomacales de mermar nuestros alimentos y creernos muy penitentes porque los viernes en lugar de comer carne comeremos pescado. No, no es lo tanto que dejemos de comer o de beber, sino la poca o mucha mortificación física que sintamos por buscar la fortaleza, la templanza y el aguante espiritual que hemos perdido en nuestra ansia cotidiana de comodidad material. No por haber corrido a que nos pusieran la ceniza para salir del templo a toda prisa quedamos libres de todo mal y peligro.
El Papa Emérito, Benedicto XVI, nos recordó que “necesitamos un poco de silencio, necesitamos un espacio sin el bombardeo permanente de imágenes… … ... es crearnos espacios de silencio y también sin imágenes, para volver a abrir nuestro corazón a la imagen verdadera y a la palabra verdadera” Estos tiempos son propicios para saber decir “no” y apagar, silenciar o bloquear la constante y incontable lluvia de palabras, sonidos e imágenes que nos llegan por la Internet, la televisión, el teléfono, los celulares, etc Y aquí son provechosas las otras abstinencias.
¿Por qué no silenciar el televisor que la mayoría de los días es el centro de nuestra atención, pero nos impide encontrarnos en el diálogo familiar tan necesario para saber cómo nos vemos, como nos sentimos, qué queremos? ¿Por qué no apagar el canal y el radio al menos mientras estamos en el comedor compartiendo los alimentos? ¿Por qué no promover la lectura de los buenos libros que nos permite más reposo, concentración, imaginación y libertad de reflexión? ¿Por qué no silenciar los labios de tantas murmuraciones y críticas para abstenernos de “comer prójimo”?
Cada cual sabrá practicar no el ayuno que más le convenga sino el que más le cueste para vivir su cuaresma y alcanzar en el silencio y en el encuentro consigo mismo una vida más plena y libre donde pueda ver en los otros el rostro de Jesús.
