jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-05-05 05:48

Colombia, el riesgo es…quedarse

Por Juanita Escandón Salazar

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 05 de 2015

Cuando cursaba el último año de bachillerato, estaba convencida de una cosa: nacer en un país, es tener la obligación, pero más que todo el honor de defender su nombre y su imagen a través de cada acción cotidiana dentro y fuera del territorio. También, ejercer el derecho al voto como una forma de reafirmar los ideales propios, pero sobre todo, que sin importar a qué se dedique, uno siempre debe encontrar la forma de retribuirle al país, usando sus conocimientos como un aporte a mejorar la realidad, así sea la de un pequeño grupo de personas. Todo esto bajo la convicción que ‘por algo se empieza’ y que las pequeñas acciones sumadas pueden hacer la diferencia. Cinco años de pregrado, paralelos a la evolución del país en este tiempo, me han hecho replantear ese constructo romántico que tenía tan arraigado, hasta el punto que lo único de lo cual sigo estando segura, es que esas ‘pequeñas acciones’ son las que sumadas tienen el potencial de transformar un país tanto para bien como para mal. Es por esto que a pesar que existen tantos motivos de orgullo de ser colombiano, y noticias que merecen ser celebradas, existen otras muchas razones para avergonzarse. Y no solo porque a diario somos bombardeados por noticias negativas (que son apenas una fracción de lo que sucede), es el hecho que la realidad colombiana que se deteriora cada vez más, contrario a lo que proyectan los medios, se nos ha convertido en lo cotidiano. No solo no nos indignamos lo suficiente, si no que parecemos estar esperando algo ‘peor’, y cuando manifestamos rechazo, el efecto no trasciende lo mediático y no alcanzan a gestarse cambios significativos.

Parece la posición de otro colombiano pesimista, pero para mí en Colombia, el riesgo es quedarse; y aunque abandonar el barco parezca cobarde y egoísta, soy de esos muchos colombianos que proyecta su futuro fuera del país.  Primero, porque encuentro más sensato dejar la situación en manos de quienes realmente quieren y creen que pueden cambiarla, que asumir la posición de mártir inútil que asumen muchos hoy en día resignándose a quejarse. Segundo, porque aun llevando poco tiempo de experiencia , encuentro un escenario  laboral más mediocre que competitivo y que no llena las expectativas que tengo y merezco tener después de haber llevado una carrera académica sobresaliente. Tercero, porque por más constitución, no siento que ninguna institución, gobernante o ideal político me represente ni garantice mis derechos. Y Cuarto, y tal vez no último, quiero poderles enseñar a mis hijos que vale la pena sacrificar la comodidad para cumplir los sueños y alcanzar la felicidad propia. Como tampoco se trata de idealizar la realidad de otros países, ni de repudiar la que vivo actualmente, estoy segura que como resultado de esta perspectiva pueden pasar dos cosas. Idealmente, que encuentre en otro lugar del mundo aquello que anhelo después de haberlo luchado, eso sí, extrañando las cosas que hacen de Colombia un país cálido y único; o por el contrario, y no menos ideal, que vuelva a creer en este país al darme cuenta que después de recorrer el mundo, hay una esperanza de cambio que tal vez esté en las manos de generaciones como la mía y las que vienen, de líderes inteligentes, visionarios y desprendidos de los extremismos e intereses corruptos del pasado. Pero por hoy, a conciencia que este último escenario es lejano y algo utópico, mantengo firme mi postura.