lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-04-06 10:09

Colombia, el realismo trágico

Delimiro Moreno

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 06 de 2016

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Si. Estamos en el país del realismo trágico, en el cual un proceso que trata de dar fin a una guerra interna de más de 60 años encuentra enemigos, entre quienes se halla un expresidente que en ocho años de gobierno logró algunos avances contra la subversión, pero no pudo, aunque lo prometió, vencerla; y la vio fortalecerse en lugar de derrotarla; que creyó que con estigmatizarla semánticamente (llama a sus integrantes  "terroristas" y  no guerrilleros  o  subversivos) iba a lograr  doblegarla, y que piensa que sólo  con la  aniquilación total, con la muerte o el encarcelamiento de sus militantes, se conseguirá  "la paz sin  impunidad". Lo grave  no es solo la demente posición del expresidente, lleno de odio, sediento de venganza y ávido por acumular dinero, sino que millones de compatriotas hacen eco de su locura bélica y salen masivamente a defenderlo y a rechazar las negociaciones de  paz. ¡Pobre país este del  realismo trágico, condenado a cien años más de violencia por la demente actitud de un esquizofrénico líder político y sus seguidores!Principio del formulario

Y mucho me temo que entre el odio satánico de Uribe, la incompetencia ideológica y la soberbia de las FARC, y el mal gobierno de Santos, darán al traste con las negociaciones de La Habana, cuya lápida pusieron las exitosas manifestaciones uribistas, antipacifistas,  del sábado. Los hechos son tozudos, decía Lenin, y no se pueden negar con declaraciones ni beaterías, restando importancia a las manifestaciones, diciendo que  no fueron tantos los manifestantes y  que no representan una real amenaza política a  las negociaciones de paz. Las masivas explosiones populares demuestra que las conversaciones de La  Habana NO tienen el apoyo popular que necesitan para su éxito, por esas tres causas: el odio de Uribe, la torpeza de las FARC y el mal gobierno de Santos. Lo demás es creer que las cosas van bien porque beneficiarán a Colombia  y estamos de acuerdo con ellas. Hay quienes prefieren que las cosas perjudiquen al país si los beneficien a ellos.

Y es bueno también señalar que esas manifestaciones tuvieron otro objetivo claramente proclamado: defender a unos delincuentes perseguidos por la justicia y prófugos de ella, a quienes  se persigue, no por militar en un partido sino por violar las leyes y las  normas elementales de convivencia ciudadana. Flaco servicio hacen a su causa los recién improvisados “oradores” del uribismo, los  hijos de  Uribe, que sacaron tiempo de sus  jugosos  negocios de todo tipo  para arengar a sus partidarios  y pedir  la absolución de los delincuentes. ¡Mostraron el cobre! Como lo mostraron quienes portaron retratos de los delincuentes prófugos como si fueran víctimas políticas de la justicia, y quienes llevaron camisetas con letreros en contra de  restitución de las tierras a los  campesinos a quienes despojaron de ellas en esta violencia desaforada.

Reconforta un poco de esta tragedia, ver la actitud positiva de los negociadores de La Habana –de los dos bandos- que sin  dejarse impresionar -como nos impresionaron  a nosotros esas manifestaciones- continúan con su labor de devolvernos la paz. Es justo reconocerlo así. Y respirar con un poco de tranquilidad. La paz de Colombia merece esta oportunidad, pero, ¡cuidado!,  sus enemigos ni  son pocos, ni son débiles políticamente.