lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-01-09 09:04

Colapso económico

Amadeo González Triviño

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 09 de 2016

Un Estado de Derecho que está al vaivén de la improvisación, cuya cabeza de Gobierno, no tiene claros sus proyectos económicos de contenido social y fiscal y que tiene como única meta de su sostenibilidad la venta de sus recursos y patrimonios que le garantizan una rentabilidad organizada o que se entrega al apoyo indiscriminado de la inversión extranjera, a cambio incluso del desconocimiento de sus instituciones jurídicas internas, es un gobierno que está condenado al fracaso.

Y es aterrador saber que mientras la sociedad posa de indiferente ante la realidad que se desarrolla a su alrededor, se viene cocinando una reforma tributaria donde las fauces del depredador sistema económico del gobierno, tienen entre otras miras, el incremento de una serie de tasas impositivas y exigencias que han de constituirse en un reemplazo paulatino de todas las formas de violencia institucional que considerábamos ya superadas.

Se suma a lo anterior el desconocimiento de los criterios que dimanan de sus instituciones constitucionales, en cuanto tiene que ver con la fijación del salario mínimo legal colombiano, hasta el punto de que en todos los sectores de la opinión pública nacional, se está demandando y exigiendo al Gobierno nacional, revisión del Decreto respectivo y su reacomodación a las tasas oficializadas por el DANE, quizá a la espera de que se produzca algo similar a lo que ocurrió con el valor de la gasolina para el presente año, cuando en lugar de disminuir el valor de la misma se oficializó su aumento, para corregir a los dos días siguientes, dicha decisión.

Tristemente este mismo Gobierno, que está de espaldas a la realidad nacional, sigue campante construyendo una política de sometimiento con uno de los grupos en conflicto, cuando las necesidades primarias de las comunidades son desconocidas y violentadas con posiciones recalcitrantes que no pueden tolerarse y que han de generar esos movimientos sociales de protesta ciudadana, que están en mora de asumir su papel protagónico en defensa de su propia civilidad.

Finalmente hemos de concluir en esta etapa inicial de nuestra visión en contexto de la realidad nacional, que el pueblo colombiano ha de enfrentarse en una encrucijada sin retorno, donde la economía tiene el punto más débil, apalancada por la falta de coherencia de las políticas institucionales y como consecuencia de una visión sesgada de lo que fueron los tratados de libre comercio con las potencias económicas del mercado de hoy.

Sumándose a lo anterior, la disculpa del precio del petróleo y de la pérdida de poder adquisitivo del peso colombiano frente al dólar, hemos de sucumbir en un sueño de una paz que no tiene sentido y que no tiene tintes de consolidarse a no ser que aceptemos estoicamente la pobreza y la miseria como razón de ser de la convivencia nacional.