Coherencia
La paz es una sola y no permite interpretaciones. Los colombianos, llámense ciudadanos del común, empresarios, soldados, policías, etc., anhelan un país sin violencia, sin ataques terroristas, sin crímenes atroces, sin extorsiones, sin secuestros, ni intimidaciones.
Y es este –supuestamente- el objetivo de quienes hoy hacen parte de la mesa de negociación de La Habana. Tanto los voceros del Gobierno como los cabecillas de la organización armada, trabajan en la consecución de un documento de acuerdo que permita la firma la paz, entendida como la pacificación del país, como el fin del conflicto que es solo un pequeño paso en la búsqueda de la paz.
No podemos negar los avances, todos significativos, máxime si analizamos que nunca antes un gobierno se había acercado tanto a este ideal.
Sin embargo, en aras de aportar –nunca en poner palos sobre la rueda- es necesario hacer un llamado a la cordura por parte de la guerrilla de las Farc, en el entendido que debe haber coherencia entre lo que se dice en La Habana y lo que está pasando en las montañas de nuestro país, en los pueblos más apartados y en general en las zonas que tradicionalmente han sido de injerencia de los grupos armados autodenominados como guerrillas.
En La Habana se habla de tregua unilateral e indefinida y mientras tanto en Neiva, la ciudad capital más importante del sur del país, siguen estallando petardos contra los establecimientos comerciales cuyos propietarios se niegan a pagar las ‘vacunas’, un tributo que se convirtió en obligación para la gran mayoría de huilenses, cuya demora o retraso se castiga con un atentado terrorista.
El caso más reciente afectó una humilde casa, en Neiva, donde además funciona un pequeño restaurante donde expenden comida china, un local de no más de 15 metros cuadrados, propiedad de ciudadano oriental, quien hace un par de años vio en la capital del Huila una oportunidad para hacer empresa.
Esto confirma que la guerrilla hoy está extorsionando a la gran mayoría de ciudadanos que habitan el departamento, exigiendo cuotas que van desde el millón de pesos hasta los miles de millones que piden a los transportadores, ferreteros y empresarios de otros sectores que generan empleo en la ciudad.
¿Entonces de qué tregua habla la guerrilla que en el Huila sigue extorsionando, que en el Cauca secuestra soldados y que en Tolima bloquea vías?
El gobierno del presidente Juan Manuel Santos debe exigir, a instancias del equipo negociador, que las Farc cumplan con su palabra o que en el mejor de los casos entreguen su definición de tregua para saber a qué atenernos.
Las negociaciones requieren de coherencia, pero sobre todo de lealtad, de darle valor a la palabra empeñada, de lo contrario el proceso se puede desviar y terminar en un diálogo infructuoso.
