CODICIA Y MEDIOAMBIENTE
Además de las plagas bíblicas que le han caído a este país de las mil plagas, entre ellas las más letales, la politiquería y el narcotráfico, como que actúan en siniestra alianza para depredarlo, ahora Colombia tiene otro sombrío blasón.
Somos campeones planetarios, como lo somos en narco política, en conflictos ecológicos, apenas superados por la India, lo que significa que somos consumados depredadores del medioambiente nimbados por la codicia por el metal, como que tenemos 72 casos identificados, entre ellos la construcción de la hidroeléctrica de El Quimbo en nuestro departamento, según el primer inventario de los conflictos por el medio ambiente compilado por el Instituto Cinara de la Universidad del Valle y el Atlas Global de Justicia Ambiental.
Mejor dicho, tras de cáncer, con sida, sobre todo en un asunto en el cual se encuentra en juego la misma supervivencia cual es la protección de nuestra naturaleza. En suma, bosques, ríos, cuencas y ecosistemas en grave riesgo por la codicia económica, como ahora mismo está amenazada nuestra cuenca del río Las Ceibas única fuente surtidora del vital líquido en Neiva, por la exploración y explotación de petróleo ya autorizada a una multinacional canadiense, que muy poco le importa como al alto gobierno si nos quedamos sin agua como en el Casanare con tal de obtener petróleo que sirva para el enriquecimiento del capital extranjero e ilícito de los gobernantes corruptos que elegimos, donde se robaron las regalías y ahora se encuentra sin obras de desarrollo y sin agua.
Ya sabemos los estragos que causa la exploración y explotación de petróleo en forma desaforada y sin control como nos lo hizo saber el geólogo santandereano Oscar Vanegas convertido en un cruzado nacional en defensa del agua frente a la codicia petrolera, quien nos alertó dramáticamente sobre las consecuencias que podríamos tener si permitimos que se consume el latrocinio en la cuenca del río Las Ceibas, pues ya sabemos que es política nacional, sin que importe el daño que se le pueda causar a las comunidades, que son las únicas que pueden defender la naturaleza ante esta actividad depredadora y criminal que alzaprima la ganancia sobre el bienestar y la supervivencia de seres humanos y animales como ha ocurrido en el Casanare donde pueden decir ahora sobre la mortandad; de qué nos ha servido la explotación de petróleo si esta se lleva el agua y la vida misma.
Si bien la riqueza del subsuelo le pertenece a la Nación, la soberanía radica es en el pueblo que tiene que salir como un solo hombre a defender los recursos naturales como en el caso del río Las Ceibas, acudiendo a la resistencia civil si es preciso, sin dejarnos engolosinar de promesas de campaña como las que ha hecho el presidente Santos de ser el primer defensor de nuestro río, que solo podemos defender con entereza nosotros, pues ya sabemos que uno es el interés del país político con su codicia económica y muy otro el del país nacional con sus necesidades.
