sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-03-09 08:55

Cobros de la naturaleza

Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | marzo 09 de 2017

Todos decimos que la naturaleza cobra; la venganza de la madre naturaleza. Hay tantas expresiones que parecieran verdades de acuño, que igual pareciera innecesaria cualquier argumentación sobre los efectos del abuso al medio ambiente (del que no sé por qué llamamos medio, cuando debiera ser entero), de la depredación indiscriminada de los recursos que la tierra nos ofrece, así tengamos o no título de propiedad sobre un trozo que nos pertenece a todos.

Las noticias vistas o escuchadas sobre lo que ha pasado en lugares aparentemente libres de riesgo, como lo ocurrido en Campoalegre, Huila, es un ejemplo de que la naturaleza no se ensaña, más bien cobra, se mueve desesperada por ordenar lo que nosotros por ambición, o porque nunca medimos las consecuencias de nuestros abusos, hemos desordenado, porque hemos alterado con una violencia inconcebible, quitando los elementos protectores de una capa de por sí frágil, hemos alterado la relación de los elementos que la conforman.

Hemos agredido nuestra naturaleza acabando con las especies nativas de los bosques, intervenimos los ríos, la gran panacea del desarrollo vinculada a la producción de energía eléctrica es nefasta, acabamos con la microbiología del suelo mediante la aplicación indiscriminada de elementos químicos, arrasamos con los insectos mediante la aplicación masiva de insecticidas y fungicidas, somos depredadores de cuanto animal pervive en las reservas de bosque, pero además talamos cuanto árbol encontramos destruyendo los sostenes del suelo representado en las raíces, sometemos la tierra a explotaciones intensivas en nuestra faenas agrícolas, volcamos el suelo buscando minerales, contaminamos con humo inorgánico venido de nuestras actividades industriales y de transporte, etc, etc.

Es decir que nuestra tierra se encuentra en estado cataléptico, y en sus estertores produce fenómenos que no entendemos, pero que consiste en su reacción por volver por el cauce de su propia evolución, para equilibrar esas relaciones que debe mantener. Lo grave, por ahora, es que quienes sufren el descontrol de las lluvias, las largas sequías, la erosión de los suelos de ladera, las avalanchas de presas esporádicas, son quienes menos se aprovechan de ella, los más pobres, los de menores recursos, que se ven obligados a ocupar los lugares más frágiles, los de mayores riesgos. Como siempre son los que lo pierden todo, los que ponen las víctimas, los que con rostro de tragedia se internan en los barrizales a desenterrar a sus muertos.

Y lo más lamentable es que aunque estamos a tiempo para tomar correctivos, ni los científicos, ni los políticos, ni las autoridades parecen importarles la suerte del planeta, solo sus beneficios.